La salida de Aleksandar Vucic del palacio presidencial no es un adiós, es un movimiento de ajedrez calculado con la frialdad de quien lleva más de una década dominando el tablero serbio. Este domingo, el líder del Partido Progresista Serbio (SNS) formalizó su dimisión como jefe del Estado para lanzarse a la conquista de la jefatura del Gobierno en las elecciones parlamentarias anticipadas del 25 de octubre. Una maniobra constitucional que le permite eludir el veto a un tercer mandato presidencial y perpetuar su control sobre el poder ejecutivo, ahora desde una poltrona que, en la práctica, siempre ha manejado con mano de hierro.
El arquitecto del poder transita a la sombra del Parlamento
Vucic no es un político al uso; es la encarnación de la Política serbia posmilosevic. Desde 2014, ha alternado la presidencia del Gobierno y la jefatura del Estado con una fluidez que ha difuminado la separación de poderes. Su discurso de despedida ante cientos de seguidores congregados frente al edificio de la Presidencia en Belgrado sonó a balance de gestión y a promesa de continuidad:
«He servido fielmente a mi patria… estoy orgulloso de lo que hemos hecho juntos»
. Pero detrás de la retórica patriótica late una estrategia de supervivencia: la Constitución le cerraba la puerta a un tercer mandato presidencial en mayo de 2027, pero le abre la ventana del Parlamento si su partido gana en octubre.
El origen del terremoto: la tragedia de Novi Sad
El detonante de este adelanto electoral no fue la voluntad del presidente, sino el peso de la tragedia. El colapso de la marquesina de la estación de tren de Novi Sad en noviembre de 2024, que se cobró la vida de 16 personas, destapó una caja de Pandora de corrupción e impunidad. La indignación ciudadana, capitaneada por un movimiento estudiantil sin precedentes, sacó a las calles a cientos de miles de serbios en las protestas más masivas desde la caída de Slobodan Milosevic en el año 2000. Lo que comenzó exigiendo justicia y una investigación transparente mutó rápidamente en una demanda política inequívoca: elecciones anticipadas ya.
Un tablero fragmentado y una oposición en prueba
Vucic, acuciado por la «gran turbulencia en la escena política interna» —según sus propias palabras—, convocó los comicios para el 25 de octubre. El escenario que se dibuja es de alta tensión. Su SNS se enfrentará a dos bloques emergentes: Estudiantes Ganan, la plataforma nacida del movimiento de protesta anticorrupción, y Serbia Europea, la coalición de partidos prooccidentales. Ambos deben aún designar a sus candidatos presidenciales para la cita que, según el calendario constitucional, debe celebrarse antes de finales de diciembre, una vez que la presidenta del Parlamento saliente, Ana Brnabic, asuma la jefatura del Estado interina.
El indulto preventivo y la gestión del conflicto
Minutos antes de firmar su renuncia, Vucic ejerció su prerrogativa de gracia para indultar a 49 personas, 23 de ellas vinculadas directamente a los disturbios de los últimos 18 meses. El gesto tiene una doble lectura: una mano tendida a la juventud movilizada para desactivar la tensión social y, simultáneamente, una red de seguridad para los suyos. Es la firma de un líder que negocia su salida del escenario protocolario para instalarse en la trinchera de la gestión diaria, donde se deciden los presupuestos, los contratos públicos y el rumbo geopolítico del país.
Serbia en la encrucijada: entre Bruselas y Moscú
Lo que se juega en octubre trasciende las fronteras serbias. Vucic ha mantenido un equilibrismo diplomático de alto riesgo: candidato oficial a la Unión Europea, pero negándose a sancionar a Rusia tras la invasión de Ucrania, y gestionando el eterno contencioso de Kosovo con el respaldo de Pekín y Moscú. Su traslado a la Presidencia del Gobierno podría endurecer ese perfil soberanista, liberado de las formalidades diplomáticas que exige la jefatura del Estado. La oposición, por su parte, tiene la oportunidad histórica de demostrar que la movilización callejera puede traducirse en votos, rompiendo el hechizo de invencibilidad electoral que Vucic ha tejido durante doce años.


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