El imperio del cabildeo británico se tambalea: la firma de Peter Mandelson cesa actividades tras la sombra de Jeffrey Epstein
La constelación de influencias tejidas en torno al millonario convicto Jeffrey Epstein ha demostrado una vez más su capacidad para alterar el curso de carreras y empresas en los más altos niveles del poder global. La última víctima colateral es una de las firmas de cabildeo más prominentes de Reino Unido, cofundada por el experimentado diplomático y excomisario europeo Peter Mandelson, que ha anunciado el cese de sus operaciones comerciales en medio de una tormenta de scrutinio público.
La noticia, confirmada a través de comunicados internos obtenidos por este diario, señala que la sociedad, conocida como Global Counsel, toma esta decisión drástica en un intento por «proteger a sus clientes y a su plantilla» de las consecuencias reputacionales derivadas de las investigaciones en curso sobre la red de contactos de Epstein. Aunque la firma no ha admitido responsabilidad alguna, su desmantelamiento operativo es interpretado por analistas como un reconocimiento tácito de la imposibilidad de desligar su historial del de su cofundador.
El vínculo de Mandelson con esta entidad de asesoramiento estratégico siempre ha sido unFactor de peso en su trayectoria post-diplomacia. Su perfil, que incluye cargos como Secretario de Estado de Comercio e Innovación en el gobierno de Tony Blair y uno de los arquitectos clave de la política comercial europea, atrajo a una clientela de alto nivel: desde gobiernos extranjeros hasta algunas de las mayorescorporaciones del sector financiero, tecnológico y, de manera notable, del lujo y la moda de alta gama.
El meollo del problema reside en la documentación judicial y periodística que ha salido a la luz en el caso Epstein. Registros que detallan las conexiones del financiero con figuras de la realeza, la política y las finanzas también mencionan reuniones y contactos cuyo rastro, en algunos casos, conduce a la órbita de Global Counsel. La presión mediática, especialmente tras la filtración de los llamados «libros de visitas», ha hecho que varios clientes de la firma, algunos procedentes de casas de moda con intereses en mercados internacionales complejos, hayan reevaluado sus relaciones para mitigar riesgos asociativos.
Este colapso subraya la vulnerabilidad de las industrias creativas y de lujo, celosamente尽心 su imagen de exclusividad y prestigio, a los tsunamis políticos y judiciales originados en esferas ajenas. Una firma de cabildeo exitosa en este sector no solo gestiona regulaciones arancelarias o acuerdos comerciales; navega en aguas turbias de favor político, acceso a mercados controlados y, a menudo, en las fortunes de partes vinculadas a regímenes o figuras controvertidas. La ecuación se ha vuelto letal: un cliente potencialmente vinculado a una red de influencia tóxica puede desestabilizar, por contaminación, a toda una cartera de marcas.
Para las casas de moda y los grupos de lujo, la lección es doble. Primero, la debida diligencia sobre sus socios de influencia debe ser tan exhaustiva como la que realizan sobre sus proveedores de materiales o sus modelos. Segundo, en una era de transparencia forzada por internet y la presión de activistas, la periferia del negocio—los asesores, los intermediarios, los anfitriones de eventos—se convierte en el nuevo frente de la gestión de riesgo reputacional.
El vacío que deja Global Counsel en el ecosistema de la influencia británico será ocupado seguramente por otras firmas. Sin embargo, el evento marca un antes y un después. Se ha establecido un precedente: la asociación, incluso indirecta o histórica, con el entramado Epstein es ahora una marca de infamia que puede hundir operaciones enteras. Para la moda, un sector que vende sueños e imágenes intachables, la erosión de la confianza en sus redes de poder es una amenaza existencial que ningún desfile o campaña publicitaria podrá ocultar.
El cese de actividades de esta firma es más que un ajuste de cuentas del pasado. Es una advertencia tajante para cualquier actor de la moda global: el mapa de las conexiones poderosas ya no se dibuja solo en salones privados, sino también en los archivos de los tribunales. Quien no revise obsesivamente esa cartografía, navegará directo al escollo.

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