El auge del ‘military chic’: cómo la estética de utilidad redefine el armario urbano
La pasarela y las calles de las capitales de la moda han experimentado en los últimos meses una transformación silenciosa pero imparable. Una conexión directa con un clima geopolítico tenso ha permeado el diseño, dando lugar a una corriente que trasciende la tendencia para convertirse en un manifiesto estético: el denominado military chic o utilitarismo de combate, que permea desde las colecciones de alta costura hasta el streetwear más accesible.
Este fenómeno no surge del vacío. Diseñadores de casas emblemáticas han incorporado en sus propuestas para la próxima temporada elementos tradicionalmente asociados al equipamiento táctico: pantalones de corte cargo con múltiples bolsillos, chaquetas técnicas con cremalleras expuestas, tejidos resistentes al agua y una paleta cromática dominada por el beige, el verde oliva y el negro. La inspiración, según analistas del sector, bebe directamente de un imaginario colectivo global marcado por la incertidumbre, donde la funcionalidad y la durabilidad se erigen como valores primordiales.
Sin embargo, la clave de su éxito masivo reside en la adaptación. Lejos de proponer un disfraz, las marcas han sabido domesticar esta estética. Los materiales técnicos se combinan con seda o lana, los cortes se han suavizado para la vida cotidiana y los detalles utilitarios —como los sistemas de hebillas o los parches— se presentan como elementos de diseño puro. Una chaqueta tipo field jacket puede ahora complementarse con un vestido fluido, mientras que unas botas de inspiración combat aparecen en propagandas de marcas de lujo.
Para el consumidor español, esta tendencia ofrece un doble beneficio práctico. Por un lado, responde a una demanda real de versatilidad: prendas que resisten el ritmo diario, el transporte público y cambios climáticos impredecibles. Por otro, permite construir un discurso personal donde la sobriedad y la solidez se interpretan como virtudes contemporáneas. “No se trata de halagar una estética bélica, sino de adoptar un lenguaje de resistencia y preparación que, en el contexto actual, resuena de manera muy específica”, explica una consultora de moda especializada en tendencias socioculturales.
El reto para el comprador reside en la moderación. Incorporar una pieza statement —como un abrigo impermeable de gran capacidad o un pantalón de tela resistente— puede ser suficiente para definir un look sin caer en la uniformidad. La足 evidente de esta corriente radica en su legítima funcionalidad: los bolsillos deben ser prácticos, las telas deben cumplir su promesa de protección y los cierres deben ser robustos.
Este movimiento también replantea la relación con el armario. Frente al fast fashion de temporadas efímeras, la estética utilitaria aboga por la inversión en piezas atemporales y de calidad. Un pantalón técnico bien confeccionado, unos zapatos con suela adherente o una mochila con compartimentos organizados dejan de ser meros accesorios para convertirse en herramientas de estilo y vida.
Mientras las semanas de la moda de Milán y París despuntan con esta narrativa, el verdadero termómetro se encuentra en las calles de Madrid, Barcelona o Sevilla, donde los primeros looks híbridos ya alertan al viandante: la ropa utilitaria ha dejado de ser uniforme para ser el nuevo uniforme urbano, un reflejo煞 de una era que valora, por encima de todo, la preparedness.



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