La ceremonia de los premios BAFTA, celebrada en el Royal Festival Hall de Londres, vivió anoche un momento de convergencia cultural inesperado que trascendió la alfombra roja tradicional. La actuación estelar corrió a cargo de tres artistas coreano-americanas que, aunque no aparecen físicamente en la película, se han convertido en las voces definitorias de uno de los fenómenos audiovisuales más disruptivos del año: KPop Demon Hunters. EJAE, Audrey Nuna y Rei Ami, responsables de interpretar los temas de las protagonistas Rumi, Mira y Zoey, ofrecieron una vibrante puesta en escena de su éxito “Golden”, conquistando a una audiencia acostumbrada a un formato de gala más sobrio.
Este número musical, programado en la noche más importante del cine británico, no fue solo un interludio de entretenimiento; fue una declaración de intenciones. La energía característica del K-pop, con su coreografía precisa y su estética visual poderosa, se fundió con el entorno de los BAFTA, generando un contraste deliberado que captó la atención de cámaras y asistentes. Los rostros de premios como The Crown o Poor Things se unieron al ritmo, asintiendo y moviendo los hombros, testimonio de una penetración cultural que las cifras ya anticipaban.
El contexto de esta participación es crucial. KPop Demon Hunters, la cinta animada producida por Sony para Netflix, ha roto récords de audiencia en la plataforma y se ha consolidado como un fenómeno generacional. Su trama, que combina la fantasía de cazadoras de demonios con el poder curativo de la música, encuentra en la banda sonora su núcleo emocional. La canción “Golden”, pieza central de esta estrategia narrativa y comercial, ganó el Grammy a la Mejor Canción para Medios Visuales y se convirtió en el tema más reproducido globalmente durante meses. Esta constelación de premios —desde los Annie, donde la película arrasó con diez galardones包括 mejor largometraje y diseño de producción, hasta las nominaciones al Oscar— legitima un proyecto que algunos en la industria inicialmente encasillaron como un mero vehículo de marketing.
Desde el punto de vista de la moda y la estética, la elección de estas tres artistas para representar la película en la alfombra roja británica es significativa. Su estilo, que mezcla el urban coreano con influencias occidentales, funciona como un puente visual. El look elegido para la actuación —aún por analizar en detalle en las imágenes oficiales— seguramente será diseccionado en las redes sociales y en las columnas de tendencias, estableciendo un diálogo entre la vanguardia de Seúl y la tradición de Savile Row. Su presencia subraya cómo las narrativas de empoderamiento femenino, centrales en la película, se materializan también en la elección de artistas que encarnan una identidad global híbrida, lejos de estereotipos.
Emma Baehr, directora ejecutiva de Contenido y Premios de BAFTA, justificó la invitación destacando el “impacto fenomenal” de la cinta “en el corazón y la mente de audiencias de todas las edades alrededor del mundo”. Esta justificación refleja un cambio de paradigma en las instituciones premiales, que ya no ignoran el pulso de la cultura pop transnacional. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, al nominar la canción, hizo lo propio. En conjunto, los galardones validan un modelo donde la música y la imagen son inseparables de la narrativa, un rasgo fundamental de la producción audiovisual coreana que ahora Hollywood adopta.
Para el público español y latinoamericano, el interés añadido radica en la familiaridad con el K-pop como corriente culturalmente cercana, gracias a la penetración de grupos como BTS o Blackpink. Ver a sus artistas en el escenario de los BAFTA, no como invitados exoticizados sino como estrellas de un proyecto ganador, refuerza un sentimiento de pertenencia a una corriente cultural global. La moda que lleve consigo —desde los textiles hasta los accesorios— será observada como un termómetro de esta influencia.
El mensaje de KPop Demon Hunters, que habla de unión y de usar la voz para crear barreras contra la oscuridad, encuentra una resonancia poética en este momento. Su “Golden” no solo es una canción nominada; es el vehículo que ha permitido a estas artistas traspasar fronteras. La actuación en los BAFTA cierra un círculo: el filme que celebra la música como fuerza mágica ha utilizado esa misma música para hechizar a la élite del cine británico. El análisis del vestuario y la coreografía de este momento pasará a formar parte de los manuales sobre cómo el K-pop está redefiniendo no solo la música, sino el lenguaje visual de los grandes events internacionales, un terreno que, hasta hace poco, parecía reservado a las estrictas normas de la moda de gala occidental.
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