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Glen Powell intranquiliza a ejecutivos de A24

El peso de la apariencia: cómo Glen Powell se despojó de su imagen de héroe para ‘Cómo hacerse un killing’

La transformación física de un actor suele ser un recurso narrativo poderoso, pero en el caso de Glen Powell para la película Cómo hacerse un killing –último trabajo del director John Patton Ford– el cambio no obedeció solo a exigencias del guion. Detrás de aquel cuerpo menos musculoso, la piel más pálida y el cabello teñido de un rubio cenizo, hay una reflexión deliberada sobre el disfraz social y la ilusión del éxito. Powell, conocido por papeles que rozan el arquetipo del galán estadounidense, se deshizo deliberadamente de su “imagen de base” –algo que el director describe como “la versión estándar de Glen, que ya parece un superhéroe”– para embodied al personaje de Becket Redfellow, un joven que se adentra en una familia de millonarios despiadados.

Este proceso de desconstrucción estética, que incluyó una dieta estricta a base de caldo de huesos y la renuncia a una peluca inicial considerada “demasiado extrema”, generó inicialmente inquietud entre algunos ejecutivos del estudio. Según revela Ford en conversación con este medio, “cuando llegó al set, algunos directivos se mostraron preocupados. Literalmente no parecía Glen Powell, al menos no como el público lo recordaba”. Aquella reacción evidencia un fenómeno común en la industria: la incomodidad ante la pérdida de una marca personal reconocible. Pero lejos de ser un capricho, el look responde a una lógica narrativa precisa: Becket no es un triunfador; es un impostor hambriento, tanto de dinero como de identidad. Su aspecto desgastado contrasta con la opulencia y la rigidez de la familia Redfellow, representada en la película a través de una estética de sastrería impecable y espacios de un lujo casi clínico comandados por Ed Harris.

Ford, whose own career took years to consolidate after his debut with Emily la criminal, aborda en esta segunda película una crítica sutil a la cultura del crecimiento infinito. “En Estados Unidos nos enseñan a ‘soñar en grande’, a medurar el éxito en términos de acumulación”, explica. “Pero Becket descubre que la herencia que busca no es solo dinero, sino la aprobación de una casta que se rige por un código: ‘Tu único enemigo es tu conciencia’. Esa frase, que el director escuchó en una reunión de ventas, sintetiza la filosofía del patriarca Whitelaw Redfellow: la desactivación de la ética como requisito para escalar”.

La moda, aquí, funciona como un arma de distinción y, a la vez, como una jaula visual. Mientras los Redfellow visten trajes que parecen.Sprintf de una época dorada –un estilo que remite al “preppy” de Nueva Inglaterra pero con un matiz amenazante–, Ruth, el personaje de Jessica Henwick, se mueve con una funcionalidad casi utilitaria. Henwick, whom Ford describe como “una entusiasta del senderismo que siempre intenta escapar de las grabaciones para irse de mochila”, aporta con su presencia física una naturalidad que contrasta frontalmente con la artificialidad del clan familiar. Su ropa, sin etiquetas, refleja una libertad que Becket anhela pero no puede permitirse.

Lo interesante es que esta contraposición no es accidental. Ford concibe el vestuario como un dispositivo semiótico: “Quería que Becket pareciera un extraño en su propio cuerpo cuando entra en ese mundo de trajes a medida”. La struggled de Powell por perder peso y alterar su apariencia no fue un ejercicio de vanidad, sino un acto de sumisión al personaje. Y esa sumisión tiene un costo: la propia imagen del actor se difumina, se vuelve un lienzo en blanco donde el espectador proyecta la ambición y la desesperación del protagonista.

La película, aunque ambientada en un universo de ricos excéntricos, habla de algo universal: la presión por adaptarse a un molde ajeno. En un mundo donde las redes sociales han convertido la imagen en moneda de cambio, el viaje de Becket adquiere resonancias actuales. ¿Qué estamos dispuestos a modificar de nosotros mismos para ascender? ¿Hasta qué punto nuestra apariencia es un uniforme que debemos vestir para pertenecer?

Ford no da respuestas fáciles. Prefiere dejar abierta la interpretación sobre lo que realmente significaba la promesa de la madre de Becket: “perseguir la vida correcta”. “No quiero desvelar todas las cartas”, bromea el director, “pero está claro que ‘lo correcto’ puede significar cosas distintas para cada quien. Para unos, es el éxito material; para otros, como Ruth, es la autonomía”.

Mientras el público debate el mensaje de la cinta, en el backstage de la moda cinematográfica ya se analiza el ejemplo de Powell. Su transformación será citada pronto como caso de estudio en escuelas de interpretación: cómo renunciar a la celebrity para construir un personaje desde la fragilidad. Al final, la lección va más allá del séptimo arte. En la vida diaria, ¿cuántos de nosotros nos ponemos cada mañana el disfraz que creemos que el mundo espera? Cómo hacerse un killing sugiere que, a veces, el acto más revolucionario es perderle el miedo a parecer vulnerable.

La película ya está en cartelera, pero su eco visual tardará en disiparse.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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