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Tiroteo en pista de hockey expone secretos de la tragedia de los Dorgan

El ambiente festivo de un partido de hockey escolar en Pawtucket, Rhode Island, se transformó en una escena de pesadilla la tarde del lunes, cuando los disparos en las gradas pusieron fin a una disputa familiar de larga data. Lo que las autoridades describieron como un «conflicto intrafamiliar dirigido» dejó un saldo de dos fallecidos y tres heridos de gravedad, concluyendo con la muerte del agresor, quien se quitó la vida tras el ataque.

La figura central de esta tragedia es Robert Dorgan, un hombre de 56 años cuyo historial vital parece una acumulación de fracturas personales y conflictos sin resolver. Exmarine con un breve y problemático paso por las fuerzas armadas a finales de los 80, Dorgan alternó empleos como conductor de camión y, más recientemente, trabajó en los astilleros Bath Iron Works de Maine. Su pasión por las motocicletas contrastaba con una realidad familiar compleja, siendo padre de seis hijos, pero según testimonios, un hombre atormentado por «demonios» personales que erosionaron sus vínculos a lo largo de los años.

El núcleo del conflicto era su matrimonio con Rhonda Dorgan, una unión que duró 28 años y se quebró de manera formally en junio de 2021, tras una solicitud de divorcio presentada por ella en 2020. Los documentos iniciales de la separación mencionaban la cirugía de reasignación de género de Robert y rasgos de «trastorno narcisista de la personalidad», aunque posteriormente se enmendó a «diferencias irreconciliables». Sin embargo, allegados señalan que el problema de fondo era más profundo: una conducta tóxica y el rechazo a buscar ayuda psicológica, factores que, según su hija Amanda Wallace-Hubbard, fracturaron irreversiblemente a la familia. Rhonda fue descrita por varios como la «piedra angular» que intentó mantener unida a la familia frente a décadas de tensión.

Las señales de alarma previas al tiroteo eran evidentes en los archivos policiales. A inicios de 2020, Robert presentó una denuncia contra su suegro, Gerald Dorgan, alegando que este había amenazado con contratar a una «mafia callejera asiática» para que lo matara si no abandonaba la vivienda familiar. Se acusa a Gerald de haber utilizado un término despectivo hacia personas transgénero, declarando que «nadie así» viviría bajo su techo. En el mismo período, Robert también acusó a su propia madre de agresión, cargos que finalmente fueron desestimados.

El fatídico desenlace ocurrió en el Dennis M. Lynch Arena durante un partido de hockey del instituto North Providence. El hijo menor de Robert jugaba ese día. Según la secuencia reconstruida por la policía, el agresor se presentó en el lugar y, desde las gradas, abrió fuego de manera selectiva contra sus familiares. Las víctimas mortales fueron su exesposa Rhonda y su hijo Aidan, de 23 años. Resultaron heridos de extrema gravedad los padres de Rhonda, Gerald y Linda (ambos de 75 años), y un amigo de la familia, Thomas Geruso. El caos se apoderó de las instalaciones mientras jugadores y espectadores buscaban refugio.

La intervención de varios civiles evitó probablemente una masacre mayor. Tres hombres – Michael Black, Robert Rattenni y Ryan Cordeiro – se enfrentaron al agresor y lograron reducirlo. Maryann Rattenni, enfermera, y otros exparamédicos en el lugar proporcionaron ayuda vital a los heridos antes de la llegada de los servicios de emergencia. La investigación posterior llevó a registros en el apartamento de Dorgan y una unidad de almacenamiento en Maine, donde se incautaron más armas de fuego, incluyendo una escopeta recortada y un rifle de estilo AR-15. Las dos pistolas utilizadas en el ataque habían sido adquiridas legalmente, un detalle que reaviva el debate sobre los mecanismos de control de armas en contexts de alerta psicosocial.

El jefe de policía de Pawtucket, Tina Goncalves, lidera una investigación en curso que busca no solo esclarecer los últimos movimientos del agresor, sino también extraer lecciones para prevención futura. La comunidad local se encuentra en estado de shock, lidiando con el duelo y con preguntas incómodas sobre cómo los conflictos familiares extremos pueden escalar hasta la violencia pública. Este caso subraya la intersección crítica entre salud mental no tratada, dinámicas familiares disfuncionales y el acceso a armas de fuego, una ecuación trágica que trasciende las fronteras de Rhode Island y plantea un espejo para cualquier sociedad.
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Escrito por Redacción - El Semanal

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