Columbia Británica pondrá fin al cambio horario estacional a partir de este año, convirtiéndose en la primera provincia canadiense en adoptar permanentemente el horario de verano. La medida, anunciada por el premier David Eby, busca eliminar lo que definió como un “impacto innecesario y perjudicial” en la vida de los ciudadanos, desde alteraciones en el sueño hasta un aumento en los accidentes de tráfico. Sin embargo, el resto de Canadá permanece atado a la tradición de modificar los relojes dos veces al año, en un escenario de descoordinación que expertos atribuyen a un “problema de acción colectiva”.
Eby justificó la decisión al recordar que cada cambio de hora altera rutinas básicas: “Los niños, las mascotas y los padres pierden sueño. Incluso quienes no tienen hijos sufren la pérdida de una hora de descanso, y se traduce en más siniestros viales y malestar general”. Esta perspectiva resonó en la opinión pública, pues en 2019 una consulta ciudadana en la provincia mostró un apoyo masivo del 93% a la eliminación de los cambios temporales. Aunque el anterior gobierno de John Horgan ya había buscado este cambio sin éxito, ahora el ejecutivo de Eby ha concretado la transición hacia una única zona horaria del Pacífico sin variaciones anuales.
La iniciativa de Columbia Británica contrasta con el inmovilismo de otras regiones. Ontario aprobó en 2020 una ley para mantenerse en horario de verano permanente, pero su implementación quedó supeditada a que Quebec y el estado de Nueva York adoptaran medidas similares. Hasta ahora, ninguna de las dos jurisdicciones ha avanzado de forma definitiva. En Alberta, un referéndum no vinculante en 2021 mostró una ligera preferencia (50,2%) por mantener el horario de verano, pero el gobierno de Danielle Smith ha postergado cualquier decisión ante preocupaciones logísticas en aerolíneas, deportes profesionales y el riesgo de convertirse en una isla horaria si las provincias vecinas no cambian. El propio ministro de Finanzas, Nate Horner, reconoció recientemente que el tema “probablemente volverá a debatirse”, aunque instó a esperar “a escuchar todos los hechos”.
Mientras tanto, Quebec, Nueva Brunswick, Manitoba y Nueva Escocia descartan modificaciones a corto plazo. En el caso de Quebec, las autoridades señalaron que consultan con expertos para evaluar el deseo ciudadano de eliminar los cambios, pero sin plazos concretos. Terranova y Labrador y la Isla del Príncipe Eduardo no respondieron a los requerimientos informativos.
Desde el ámbito científico, las voces críticas hacia el Sistema actual son unánimes. Rebecca Robillard, copresidenta del Consorcio Canadiense de Investigación del Sueño, explica que el cambio horario no es un simple ajuste de una hora: “Desincroniza nuestro reloj biológico del ciclo natural del sol. Ese reloj internal regula no solo el sueño, sino múltiples funciones corporales y cerebrales”. Entre las consecuencias citadas están alteraciones en la liberación de hormonas, metabolismo, temperatura corporal, y un mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares, infartos, problemas inmunológicos y complicaciones en el embarazo.
Sin embargo, la elección de un horario fijo no está exenta de debate. Patricia Lakin-Thomas, profesora de biología en la Universidad York, advierte que el horario de verano permanente tendría un lado oscuro: “En invierno amanecería muy tarde, y necesitamos luz matutina para resetear nuestro ritmo circadiano. La mayoría de nuestros relojes internos corren un poco lentos; la luz del mañana los acelera y sincroniza con el ciclo de 24 horas”. En la misma línea, la neuróloga Joanna Fong-Isariyawongse, de la Universidad de Pittsburgh, sostiene que el consenso médico favorece mantener la hora estándar de forma permanente: “Cuando nuestro reloj biológico está alineado con el sol, los resultados de salud y seguridad son óptimos. El sol debe estar cerca del cenit al mediodía”.
Mientras Columbia Británica se prepara para vivir sin cambios de reloj a partir del próximo otoño, el resto del país permanece en un limbo. La falta de alianza interprovincial y con Estados Unidos frena cualquier movimiento, dejando a los canadienses sumidos en un debate que mezcla salud pública, preferencias ciudadanas y complejidad política. Por ahora, solo en la costa oeste verán el amanecer y el anochecer en el mismo lugar del calendario, año tras año.



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