El Gobierno federal de Canadá ha anunciado una inversión histórica de 200 millones de dólares canadienses para desarrollar una plataforma de lanzamiento espacial propia en la costa este, concretamente en la provincia de Nueva Escocia. Esta medida, encuadrada en la nueva Estrategia Industrial de Defensa, busca dotar al país de una capacidad soberana para poner satélites en órbita, reduciendo así su dependencia de naciones extranjeras y terceros actores. Se prevé que el puerto espacial, ubicado cerca de la localidad de Canso y gestionado por la empresa Maritime Launch Services, entre en funcionamiento antes de 2028.
Hasta ahora, Canadá carecía de infraestructura propia para lanzamientos espaciales, lo que le obligaba a recurrir a países como Estados Unidos, utilizando instalaciones en Florida o California. Esta situación implicaba costes elevados y una falta de control sobre los plazos y las órbitas de lanzamiento, según han señalado expertos en el sector. La nueva instalación no solo permitirá mayor autonomía, sino que también facilitará el acceso a diferentes tipos de órbitas, especialmente las de alta latitud, beneficiosas para misiones de observación del Ártico, una región de creciente relevancia estratégica.
El proyecto fue presentado por el ministro de Defensa, David McGuinty, en un laboratorio de la Agencia Espacial Canadiense en Ottawa. McGuinty destacó que aproximadamente el 20% de la economía canadiense depende directamente de los satélites, desde sistemas bancarios hasta telecomunicaciones móviles, por lo que garantizar la soberanía y seguridad en este ámbito es prioritario. “Queremos poder darnos a nosotros mismos más soberanía y seguridad en ese frente”, afirmó el ministro, quien evitó señalar a países específicos, aunque subrayó la necesidad de no depender enteramente de terceros.
Paralelamente, Canadá planea incorporarse como miembro pleno a la iniciativa OTAN STARLIFT, un proyecto aliado diseñado para crear una red de lanzamientos espaciales que permita desplegar cargas útiles de forma urgente. Este paso subraya el compromiso del país con la seguridad colectiva en el dominio espacial, un terreno cada vez más disputado. La inversión se complementa con los 183 millones de dólares ya asignados en el presupuesto de 2025 para los próximos tres años, destinados a establecer capacidades de lanzamiento soberanas, aunque en su momento el gobierno no detalló los planes específicos.
La empresa Maritime Launch Services, con sede en Halifax, es la encargada de construir el Spaceport Nova Scotia. Su consejero delegado, Stephen Matier, valoró el contrato federal como un “ancla” que envía una señal clara al mercado sobre la viabilidad del proyecto. Matier recordó que, tradicionalmente, compañías canadienses como MDA Space o Kepler han tenido que pagar sumas sustanciales a SpaceX para lanzar sus satélites, aceptando las fechas y rutas disponibles. “SpaceX vende espacio extra en sus cohetes, pero no eliges adónde ir ni cuándo”, explicó, destacando la limitación que supone depender de infraestructuras ajenas.
Analistas independientes respaldan la importancia de esta iniciativa. David Perry, presidente del Canadian Global Affairs Institute, señaló que la capacidad de lanzamiento soberana evitará que los satélites canadienses permanezcan años en listas de espera, otorgando mayor control sobre el “destino nacional”. “No estamos a merced de las prioridades y agendas de otros. Así, los intereses canadienses se atienden con mayor rapidez”, afirmó. Por su parte, Sarah Gallagher, exasesora de la Agencia Espacial Canadiense y directora del Instituto de Exploración Terrestre y Espacial de la Universidad Western, destacó que pocos países en el mundo poseen esta capacidad. “Tener un sitio de lanzamiento en Nueva Escocia es ventajoso por su latitud, que permite acceder a órbitas clave, especialmente para misiones relacionadas con el Norte”, indicó.
El anuncio llega en un contexto de expansión exponencial en el número de satélites enviados al espacio. Se estima que en los próximos cinco años podrían lanzarse hasta 70,000 satélites a órbita baja terrestre, lo que aumenta la demanda de servicios de lanzamiento y la congestión en infraestructuras existentes. Para Canadá, contar con su propio puerto espacial no solo es una cuestión de autonomía tecnológica, sino también un impulso para su industria aeroespacial y de defensa, generando empleo y especialización.
Aunque el proyecto enfrenta desafíos técnicos y regulatorios, el respaldo gubernamental allana el camino para que Canadá se una al reducido grupo de naciones con capacidad de lanzamiento independiente. Este movimiento refleja una tendencia global hacia la soberanía en el espacio, un dominio crítico para la economía y la seguridad del siglo XXI. Para los ciudadanos, la reducción de la dependencia externa podría traducirse en servicios más resilientess y una mayor protección de los datos que circulan a través de la constelación de satélites nacionales.


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