Estamos acostumbrados a que la mayoría de noticias sobre cibercrimen giren en torno a causas políticas… o, mucho más frecuentemente, al dinero: rescates millonarios, caídas de sistemas de grandes compañías, pérdidas bursátiles y grandes estafas online.
Sin embargo, este 2025 del que nos despedimos puede haber marcado un punto de inflexión, porque ha quedado definitivamente claro que los ataques digitales no solo afectan a servidores y cuentas bancarias, sino también cada vez más directamente a las vidas humanas.
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Una muerte confirmada: cuando el ransomware alcanza a los hospitales
El caso más grave y simbólico fue el del ataque de ransomware contra Synnovis, proveedor de servicios de patología para hospitales clave de Londres. Aunque el ataque se produjo en 2024, no fue hasta 2025 cuando las autoridades sanitarias del Reino Unido
De lo digital a lo físico: violencia como servicio
Lo que durante años fue considerado un escenario extremo —la traducción directa del delito digital en agresión física— dejó de ser excepcional en 2025 para convertirse en una tendencia. Y es que, en los últimos meses, el auge del ciberdelitos vinculado a las criptomonedas ha venido acompañado de una escalada de brutalidad muy poco ‘virtual’.
Empresas de ciberseguridad como CrowdStrike han estado alertando de un notable aumento en Europa de los casos de ‘violence-as-a-service‘: la externalización de agresiones físicas —intimidaciones, secuestros, torturas o mutilaciones— como parte de esquemas de ciberextorsión digital.



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