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Los Borbones entran en la Real Armería con los arcabuceros de Madrid

«La teníamos en el almacén y era un crimen porque esta colección forma parte de la historia de Madrid», asegura Álvaro Soler mientras muestra las tres nuevas vitrinas que se han incorporado a la exposición permanente de la Real Armería del Palacio Real … de Madrid en su reapertura. Tras una reforma que ha durado un año, un nuevo lucernario permite observar ahora detalles antes imperceptibles en las magníficas armaduras de Carlos V o Felipe II en la estancia principal. Y en la planta inferior, unas excepcionales armas de fuego de época borbónica entran por primera vez en el recorrido, entre las salas de las colecciones de los Austrias. Fueron hechas por los arcabuceros reales de Madrid cuando la capital española era «el mejor centro de producción del siglo XVIII en toda Europa de armas de lujo para caza», destaca el conservador de la Real Armería.
La avanzada técnica de las escopetas madrileñas, que permitía más potencia de fuego, sumada a una delicada decoración inspirada en la moda francesa de Luis XIV, convirtió a estas armas de fuego en uno de los principales regalos diplomáticos de la corte española. La alta calidad de las armas de fuego forjadas en Madrid tenía «fama mundial» y hubo espías ingleses que trataron de conocer los métodos de los arcabuceros españoles, así como franceses y rusos que intentaron copiar su trabajo, según apunta el experto.

Para su custodia, Carlos III creó en 1767 una segunda Real Armería, conocida como la Armería de la Real Ballestería, que llegó a guardar 400 armas antes de ser saqueada por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y destruida por orden de José Bonaparte en 1814. Las que ahora se pueden observar tras los cristales son algunas de las 83 escopetas y catorce pistolas que se lograron salvar del expolio en un curioso robo en 1812.

«Las tenemos porque en uno de los enfrentamientos entre las tropas francesas y las de Wellington en Guadarrama, se reduce la guarnición militar de Madrid y un comando de empleados -literalmente un comando- entra en la Armería, toma todas las cajas de arcabuces que puede, las mete en tres carros y huye», relata apasionadamente Soler. Según el experto, se conserva un documento en el que se dice: «Escapamos y llegamos a Cuenca». «Aquí ya no nos pillan», debieron pensar, a juicio de Soler, sus arrojados antecesores. Las armas salvadas del expolio fueron entregadas a las Cortes constituyentes de Cádiz en la Isla de León, como tesoro real para su custodia y

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Escrito por Redacción - El Semanal

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