Esta es la triste historia de una obra de arte cargada de romanticismo y buen rollo que condenó a todo un pueblo. Ocurrió en Bocacangrejo, un pueblito pesquero de Tenerife que, de un día para otro, se convirtió en el centro de un sobreturismo masivo que no podía absorber. La culpa fue de un vecino creativo que llenó el pueblo de corazones y lo hizo viral.

Todo comenzó con Rafa, un vecino de la localidad que quiso ver su pueblo mucho más bonito y lleno de alegría. Para conseguirlo llenó todas las fachadas y callejuelas con corazones de colores. Paredes, escaleras, ventanas, muelle, absolutamente todo. El resultado fue tan alucinante y visual que en seguida se hizo viral, atrayendo miles de turistas a un lugar con apenas 400 habitantes.

El turismo devoró al pueblo que, con sus calles estrechas y tradicionales, se vio totalmente saturado y atascado con la avalancha de visitantes, coches, ruido y fotos en cada esquina. La magia era la única que no estaba en Bocacangrejo, voló llevándose la tranquilidad y la autenticidad con ella.

Los 55 goles de Muriqi no reflejan la humildad y corazonada que tiene con todos


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