Apple acaba de soltar los 3.000 millones que desembolsó por Beats en 2014. Pero a diferencia de entonces, cuando compró una marca de auriculares muy afamada y un servicio de streaming que sería el germen de Apple Music, ahora está apostando por una tecnología desconocida para la inmensa mayoría.
Q.ai desarrolla sistemas de IA capaces de interpretar lo que llaman «habla silenciosa»: tecnología que lee los micromovimientos faciales para entender qué estás diciendo aunque no pronuncies las palabras. Sus patentes muestran sensores ópticos integrados en auriculares o gafas que detectan contracciones musculares casi imperceptibles en mejillas, mandíbula y labios. No hace falta voz audible, basta con la intención de hablar.
La empresa ya vendió una empresa a Apple en 2013: PrimeSense. Fue la que desarrolló la tecnología de profundidad del olvidado Kinect de Xbox. Apple la transformó en lo que acabaría siendo Face ID, su sistema de reconocimiento facial que debutó en el iPhone X de 2017. Ahora vuelve a Cupertino con una startup que busca definir la próxima década de interacción con dispositivos.
Junto a Maizels hay otros dos nombres reconocidos en la industria:
El patrón que les une es el de convertir tecnología puntera en productos para el mercado de gran consumo.
Google Ventures fue uno de los primeros inversores en Q.ai. En 2022, cuando anunció su inversión, describió su trabajo como «el colapso de la brecha entre la intención humana y la ejecución digital». Tom Hulne, uno de los socios de GV, Apple ha dado el giro más silencioso de su historia: sus equipos de diseño ya no reportan a diseño



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