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El asalto de Hamás redefine la estrategia de seguridad israelí tras un récord de víctimas

El sábado 7 de octubre de 2023 quedó grabado como la jornada más violenta y mortífera en la historia de Israel desde la creación del Estado en 1948. A las 6:29 de la mañana, coincidiendo con el sabbat judío y el cierre de la festividad de Sucot, el brazo armado de Hamás, las Brigadas Al-Qassam, desencadenó la llamada ‘Operación Diluvio de Al Aqsa’. Una lluvia masiva de cohetes, estimada entre 2.500 proyectiles según el Ejército israelí y 5.000 de acuerdo con el grupo islamista, desbordó el sistema defensivo de la Cúpula de Hierro y sirvió como cobertura para una infiltración terrestre, aérea y marítima sin precedentes en territorio israelí.

El colapso defensivo y la brecha en la frontera

Cientos de combatientes curtidos en combate atravesaron la barrera de seguridad de 59 kilómetros que separa la Franja de Gaza de Israel utilizando explosivos, motocicletas, camionetas, lanchas y parapentes motorizados. De manera simultánea, drones cargados con explosivos neutralizaron las torres de vigilancia y las comunicaciones militares automatizadas. El aparato de seguridad nacional sufrió un colapso sistémico que dejó a los civiles y a las bases militares del sur del país librados a su suerte durante las primeras horas críticas del asalto.

Los comandos islamistas tenían objetivos previamente asignados y un plan de batalla ejecutado con extrema rapidez. Entre las 6:30 y las 8:30, bases neurálgicas como Reim, sede de la División Gaza, y Nahal Oz fueron asaltadas por sorpresa, provocando la muerte de decenas de soldados, incluidos reclutas desarmados. La falta de una respuesta organizada inmediata por parte de la jerarquía de defensa evidenció un fallo de inteligencia de proporciones históricas, evocando precedentes traumáticos como la guerra de Yom Kipur de 1973.

Masacres en los kibutz y en el festival Supernova

La ofensiva golpeó con máxima crudeza a las comunidades agrícolas colectivas y a eventos civiles multitudinarios situados en las inmediaciones del enclave palestino. En el festival de música Supernova, celebrado cerca del kibutz Reim con la asistencia de unas 3.000 personas, la única vía de evacuación colapsó rápidamente, convirtiéndose en una ratonera donde fueron masacradas 364 personas y decenas más resultaron secuestradas. En paralelo, localidades históricamente vinculadas a la izquierda israelí como Beeri y Kfar Aza sufrieron incursiones sistemáticas casa por casa.

Ciudadanos de Israel, estamos en guerra. No se trata de una operación ni de una escalada, sino de una guerra. Hamás lanzó un ataque sorpresa asesino y pagará un precio sin precedentes.

En el kibutz Beeri murieron más de un centenar de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad tras un asedio que se prolongó durante casi diecisiete horas. La magnitud de la tragedia humanitaria incluyó crímenes documentados de ejecuciones sumarias, saqueos y violencia sexual. Meses después de los hechos, organismos internacionales como la ONU confirmaron indicios claros de violaciones y torturas sufridas tanto por las víctimas mortales como por los rehenes trasladados a la Franja de Gaza.

  • Fecha crítica: Sábado 7 de octubre de 2023, coincidiendo con el fin de la festividad de Sucot.
  • Magnitud del ataque: Entre 2.500 y 5.000 cohetes lanzados en la primera andanada y la infiltración de hasta 3.000 atacantes armados.
  • Rehenes: 251 personas fueron capturadas y trasladadas a Gaza durante la jornada inicial.
  • Respuesta estatal: Declaración oficial de guerra por parte del primer ministro Benjamin Netanyahu y movilización de 360.000 reservistas, además de la evacuación forzosa de 125.000 ciudadanos israelíes.

Repercusiones geopolíticas y cambio de paradigma en la seguridad

A las 9:00 de la mañana, el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, y el primer ministro Benjamin Netanyahu formalizaron la declaración de estado de guerra, desencadenando de inmediato una campaña de bombardeos masivos de represalia sobre la Franja de Gaza que redujo a escombros infraestructura civil y militar. La movilización sin precedentes de reservistas buscó restaurar el control territorial, un objetivo que el Ejército israelí no completó hasta el 10 de octubre tras intensos combates urbanos en Sderot y el resto de localidades infiltradas.

En el plano de la política interior y exterior, el 7 de octubre redefinió por completo la doctrina de seguridad nacional israelí, rompiendo la premisa de contención y disuasión mantenida durante décadas frente a las milicias palestinas. Las consecuencias de esta brecha de seguridad continúan determinando la estabilidad regional, generando un desplazamiento prolongado de comunidades enteras en el sur del país y abriendo procesos judiciales internacionales por crímenes de guerra que siguen su curso en instancias globales.

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Escrito por Marta Valdés

Redactora jefa y analista de relaciones internacionales en El Semanal. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Madrid con posgrado en Análisis Político Internacional y Derecho Constitucional. Coordina la mesa de verificación de fuentes y supervisa el cumplimiento del estatuto deontológico del medio.

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