El hilo invisible: cómo el cine turco ‘Salvation’ desvela la moda como arma de identidad y conflicto
En el panorama cinematográfico actual, donde la narrativa suele simplificarse, llega una película que teje una parábola política de una complejidad deslumbrante. La cinta del turco Emin Alper, titulada Kurtuluş (Salvación), no solo es un drama rural de una tensión insoportable, sino un espejo donde se reflejan luchas globales por la tierra, la memoria y, sobre todo, por el derecho a definirse a través de símbolos visibles. Más allá de su trama, la película ofrece una lección magistral sobre cómo la indumentaria, los tejidos y hasta los peinados se convierten en un campo de batalla silencioso en las disputas identitarias.
La historia se despliega en un valle turco dividido. Dos clanes, los Hazeran y los Bezari, encarnan un conflicto arquetípico: el campesino que defendió la tierra con uñas y dientes frente al terrateniente urbano que huyó y ahora regresa para reclamar lo que considera suyo. Aquí, la moda no es un tema secundario; es el lenguaje no verbal de la posición social y el trauma histórico. Los Bezari, ausentes物理icamente pero presentes en la ambición, representan una modernización fría y capitalista,暗示a través de su vestimenta urbana y supuestamente «civilizada» en contraste con los atavíos prácticos, curtidos por el trabajo de los Hazeran. La ropa se convierte en un marcador de quién pertenece al lugar y quién es un forastero que busca apropiarse de él.
El verdadero terremoto narrativo, sin embargo, ocurre dentro del propio clan Hazeran. El líder espiritual, el jeque Ferit, encarna una autoridad conciliadora, quizás reflejada en una vestimenta más tradicional pero de corte impecable, símbolo de una élite religiosa que dialoga con el mundo. Su hermano Mesut, el antihéroe atormentado, es el corazón de la transformación. Su viaje de hombre dubitativo a caudillo mesiánico está puntuado por cambios sutiles pero significativos en su apariencia. Al adoptar los símbolos de autoridad —quizás una prenda de lana más rústica, un gesto en el peinado—, Mesut absorbe visualmente la mística que sus visiones le atribuyen. La película muestra cómo un líder carismático construye su imagen, su brand personal, a partir de los miedos y anhelos de su pueblo, utilizando el lenguaje ancestral de los textiles y los rituales para legitimar una violencia que, hasta ese momento, era impensable.
El uso de los sueños y las supersticiones como motor de la trama añade otra capa textil al análisis. La obsesión de Mesut con la idea de que su esposa Gülsüm, quien trabajó para la familia Bezari, lleva en su vientre a un «hijo demoníaco» en forma de gemelos, es una metáfora poderosa. Lo «diferente», lo que no se ajusta a la norma (ya sea una mujer con un pasado de sirvienta o un embarazo múltiple), se convierte en un estigma que debe «limpiarse». La moda, en este contexto, se asocia con la pureza ritual: la sangre que mancha la ropa, la tierra que ensucia los zapatos, la necesidad de vestir una nueva identidad colectiva basada en el odio y la exclusión.
La cinematografía, con su cámara que serpentea entre las callejuelas del pueblo y sus planos aéreos del valle, no solo muestra el paisaje, sino que cartografía el territorio en disputa. Cada sendero, cada campo cultivado por los Hazeran en ausencia de los Bezari, es un territorio conquistado y defendido con el sudor de la frente, un acto productivo que se refleja en la funcionalidad de su vestimenta. Frente a ello, el asentamiento Bezari en el fondo del valle parece más ordenado, quizás más «pulcro», pero también más ajeno, una colonia urbana impuesta sobre un territorio que no entiende.
¿Dónde está entonces la moda de vanguardia? No en pasarelas, sino en este微 cómplice esencial. Salvation demuestra que la elección de un pañuelo, la solidez de una bota de trabajo o el abandono de un turbante pueden ser actos políticos de primer orden. La película es un valioso recordatorio para cualquier observador de tendencias: los conflictos más profundos sobre el espacio, la memoria y el poder se libran, con frecuencia, en el terreno más íntimo de la piel y la tela. El cine de Alper, con su rhythms pausado y su atmosfera opresiva, nos obliga a mirar más allá de la superficie del drama para entender que, en infinidad de lugares del mundo, la batalla por la identidad comienza por lo que uno se pone. Una lección tan atemporal como urgentemente contemporánea.
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