Berlinale 2024: El Cine como Termómetro de las Tendencias de Moda que Marcarán el Año
El Festival Internacional de Cine de Berlín, conocido por su compromiso con el cine de autor y las narrativas arriesgadas, cerró su edición número 74 con una lista de galardones que, más allá del reconocimiento artístico, sirve como un preciso indicador de las estéticas visuales que dominarán el panorama cultural y, por extensión, el de la moda. Los premios otorgados por los jurados independientes, como la Fipresci (Federación Internacional de Críticos Cinematográficos) y el Jurado Ecuménico, no solo destacan películas con una fuerte identidad visual, sino que también certifican la llegada de códigos estilísticos concretos que pronto se filtrarán en las pasarelas y en la calle.
El gran triunfador de la noche para la crítica internacional fue Soumsoum, la nuit des astres, la nueva obra del director franco-chadiano Mahamat-Saleh Haroun. La película, que narra la historia de una adolescente atormentada por visiones y poderes sobrenaturales, ha sido descrita por la prensa especializada como “una fábula moderna sobre la adolescencia y la resiliencia, que en momentos evoca el cine de terror juvenil, aunque sin los sustos convencionales, manteniendo sus giros y motivos visuales”. Su victoria en el apartado principal de la Fipresci subraya el poder de una estética que fusiona lo onírico con lo cotidiano.Para el observador de moda, esto se traduce en un refuerzo de las tendencias que abrazan la ambigüedad y la narrativa personal a través de la ropa: siluetas fluidas que no definen género, paletas de color restringidas —predominantemente neutras y terrosas, con toques de intensidad oscura— y una superposición de prendas que evocan protección y misterio. El blanco y negro en el que está filmada la cinta, lejos de ser una simple elección técnica, se consolida como una declaración de intenciones que aboga por la elegancia atemporal y la profundidad emocional sobre el ruido visual, una lección que muchos diseñadores ya han adoptado en sus últimas colecciones.
Por su parte, el drama mexicano Moscas se alzó con el máximo galardón del Jurado Ecuménico. Dirigido por Fernando Eimbcke, esta cinta en blanco y negro sigue a un niño que, a la espera de noticias sobre su madre hospitalizada, logra conectar con una mujer solitaria que ha olvidado el valor de la relación humana. La crítica ha celebrado su “comedia observacional de bajo voltaje y su aguda definición de personajes”, rasgos distintivos del director. Aquí, la clave estilística reside en su registro “más dulce” y su capacidad para encontrar poesía en lo mínimo. La estética visual, a pesar de la ausencia de color, transmite calidez a través de la textura de los materiales —lana, algodón rústico, fibras naturales— y de un styling que prioriza la comodidad auténtica y la artesanía. La película predice un interés renovado por la moda utilitaria pero con alma, donde las prendas cuentan una historia de cotidianidad y conexión humana, lejos de la fast fashion. Es el triunfo del look desenfadado pero curado, del slow fashion aplicado a la narrativa personal.
El alcance de estos premios se extiende más allá de las dos cintas principales. El Fipresci también reconoció Animol, el debut del actor Ashley Walters, un drama carcelario británico que sugiere una estética de uniforme descuidado y funcionalidad extrema, y Narciso, del paraguayo Marcelo Martinessi, que podría poner el foco en textiles y siluetas de inspiración sudamericana. En el apartado del Jurado Ecuménico, el documental Bucks Harbor, sobre pescadores en Maine, apunta a una moda de trabajo duradera y auténtica, mientras que River Dreams (Kazajistán) puedeevocar referencias a la vestimenta nómada y sus interpretaciones contemporáneas.
El Teddy Award al mejor largometraje LGBTQ+ para Iván & Hadoum, una historia de amor trans en los invernaderos de Andalucía, es otro punto clave. Esta película, al situar a sus protagonistas en un entorno laboral específico, inevitablemente vinculará su estética visual —posiblemente ropa de trabajo adaptada, mezcla de géneros en la vestimenta y un lenguaje visual que desafía normas— con el activismo de moda inclusiva. Es un recordatorio de que el cine más comprometido también es un generador de códigos de identidad a través de la ropa.
Para el espectador español y latinoamericano, atento a las señales que llegan de Berlín, el mensaje es claro: la moda que importa este año viene del cine que piensa. Ya no se trata solo de lo que se pondrán las estrellas en la alfombra roja —aunque estas películas, por su naturaleza independiente, suelen tener un red carpet más contenido y conceptual—, sino de la paleta, las texturas y las siluetas que habitan en las historias premiadas. La sostenibilidad, la autenticidad y la narrativa personal a través de la vestimenta son los hilos conductores.
Los premios de los jurados independientes de la Berlinale funcionan, en última instancia, como un curated list de las estéticas que resonarán en los próximos meses. Desde el minimalismo sobrenatural de Soumsoum hasta la calidez en tonos de gris de Moscas, pasando por el realismo duro de Animol, el cine más galardonado del festival alemán está dictando, sin decirlo abiertamente, las reglas no escritas de cómo nos vestiremos para contar nuestra propia historia. La próxima temporada, cuando veas surgir colecciones que abogan por la funcionalidad poética, los tejidos con historia o el misterio elegante, sabrás de dónde vienen: directas de la pantalla grande de Berlín.
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