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Sondeo de Ipsos revela mayor unión en Canadá frente a 2019.

En el competitivo universo de la moda, los indicadores sociales funcionan como un termómetro invisible que anticipa cambios en las preferencias de los consumidores. Una encuesta de Ipsos, realizada bajo el marco del sondeo Confederation Stress Test, revela que Canadá registra hoy un mayor grado de cohesión nacional que hace siete años, un dato que contrasta con el crescendo discurso independentista, particularmente audible en Alberta.

Las cifras muestran una clara desaceleración en las percepciones de división. A nivel nacional, el porcentaje de ciudadanos que considera que el país está «más dividido que nunca» descendió del 60 por ciento en 2019 al 55 por ciento en la actualidad. En Alberta, epicentro de los reclamos de alienación, la reducción es más pronunciada: del 80 al 70 por ciento. Esta tendencia sugiere un clima social menos polarizado, lo que históricamente favorece la consolidación de marcas que apelan a identidades compartidas.

Paralelamente, las opiniones sobre la equidad económica han experimentado un giro significativo. Hace siete años, el 65 por ciento de los albertanos pensaba que su provincia no recibía una parte justa de los beneficios de la confederación; hoy, ese número se sitúa en el 51 por ciento. La media nacional refleja una evolución similar, pasando del 35 al 27 por ciento. Una percepción de mayor justicia distributiva suele traducirse en mayor confianza del consumidor, un factor clave para sectores como el textil y el diseño, donde las decisiones de compra dependen en parte del ánimo colectivo.

Incluso el apoyo explícito a la separación ha menguado. Jack Gregory, vicepresidente senior de Ipsos Asuntos Públicos, confirma que «el número de personas que afirman que su provincia estaría mejor si se separara es en realidad más bajo ahora en Alberta que en 2019». Este declive occurs a pesar de que los ecos independentistas hayan ganado visibilidadmediática en los últimos tiempos.

Gregory reconoció que los resultados sorprendieron a su equipo, dado el contexto político actual. «Esto fue un tanto inesperado, pues es evidente que hoy hay mucha conversación sobre separatismo en Alberta y descontento con el funcionamiento de la federación», señaló. El analista sitúa el origen de la encuesta de 2019 en un momento de máxima tensión: inmediatamente después de las elecciones federales que dejaron a los conservadores sin escaños al oeste de Manitoba, y en medio de controversias sobre restricciones energéticas y bloqueos indígenas, agravadas en los meses previos a la pandemia de COVID-19.

Desde entonces, diversos factores podrían haber moderado el ánimo. Los cambios políticos internos en Alberta, sumados a una reevaluación nacional posterior a 2020, parecen haber diluido el fervor separatista. Aunque el descontento albertano sigue superando la media canadiense, su intensidad ha disminuido. «Sin duda, persiste el enojo en Alberta, especialmente al compararlo con el promedio nacional, pero es menor que hace siete años, a pesar de que los llamados a la independencia son hoy más estridentes», precisó Gregory.

Para la industria de la moda, este viraje en la percepción nacional abre ventanas de oportunidad. Una sociedad menos fracturada tiende a abrazar narrativas de unidad, y la moda suele ser vehículo de esas narrativas. Con una identidad nacional reforzada, los consumidores podrían volverse más receptivos a marcas que incorporen símbolos canadienses, desde referencias a paisajes hasta colaboraciones con comunidades indígenas, en un contexto donde el localismo y la sostenibilidad son tendencias globales.

La encuesta sugiere que el mercado interno podría estar madurando hacia un enfoque más cohesionado. Para diseñadores y empresarios, esto implica replantear colecciones que celebren la diversidad dentro de la unidad, apelando a un consumidor que ya no ve la provincia como un enclave agraviado, sino como parte de un proyecto común. En este escenario, la moda deja de ser solo un objeto de deseo para convertirse en un lenguaje de pertenencia.

Mirando hacia adelante, si esta tendencia se mantiene, el sector textil canadiense podría experimentar un renacer inspirado en el orgullo nacional. La reducción en los indices de separatismo no solo es un indicador de salud democrática, sino también un augurio de que el consumidor local está más dispuesto a invertir en propuestas de moda con raíces auténticas, donde la calidad y la historia confluyen. En última instancia, cuando una sociedad se siente más unida, su forma de vestirse también tiende a reflejar esa sinergia.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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