Una llovizna tenaz se despidió de Londres justo antes de la presentación privada de Freddy Coomes y Matt Empringham, un presagio casi poético considerando la naturaleza etérea de su propuesta. Bajo el nombre de A Letter —la evolución de su anterior etiqueta, Aletta—, la dupla de diseñadores presentó una colección de otoño 2026 que eleva la deconstrucción posmoderna a un ejercicio de extrema delicadeza formal.
El corazón de la propuesta reside en un giro radical de materiales.Si en anteriores etapas la experimentación con el papel era una declaración de intenciones, aquí esta idea se reconcilia con una fragilidad casi incorpórea. El crepé translúcido, empleado con maestría para simular el aspecto de flores de papel, se transformó en tops, vestidos-crisálida y faldas superpuestas, algunas de ellas trabajadas con minuciosos patrones de perforado. Esta ligereza conceptual contrasta estratégicamente con piezas de mayor peso y contorno: suéteres de punto con rebordes desenfadados y vestidos satinados de silueta A-line que equilibran el conjunto con una solidez necesaria. Ambas vertientes conviven en una armonía calculada, disponible ya en selectos espacios como Dover Street Market.
La artesanía requerida para manipular dichos tejidos sin comprometer su integridad es uno de los valores añadidos de la colección. Lejos de ser un mero ejercicio teórico, cada costura, cada pliegue y cada capa superpuesta exige una proximidad que revela un trabajo de taller meticuloso. Es una narrativa textil que invita a ser examinada con detenimiento, un argumento visual sobre la tensión entre lo efímero y lo perdurable en la moda.
Entre las piezas conceptuales, un contundente guiño a la nueva identidad de la marca: una camiseta de algodón negro con una gran “A” estampada. Un acto de branding casi juguetón que, sin embargo, abre una puerta a lapersonalidad de sus creadores. Cuando se les interrogó sobre qué letra del abecedario los representaría, Coomes se decantó sin dudar por la “F”, inicial de su nombre. Empringham, más enigmático, eligió la “H”: “Me gusta cómo suena”, sentenció, dejando la interpretación abierta.
Coomes y Empringham, curtidos en los talleres de JW Anderson y Loewe respectivamente, están delineando un universo propio que dialoga de manera directa y prometedora con el futuro de la moda londinense. Su propuesta no es solo una colección; es una tesis sobre los límites del-material, ejecutada con una sensibilidad que sitúa a A Letter en el mapa como una voz indispensable para entender hacia dónde se dirige la sastrería experimental contemporánea. La muestra permanecerá abierta al público hasta el domingo, una oportunidad única para constatar in situ la virtuosa factura que subyace bajo esa apariencia de haber sido tejida con el aire.



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