En una de las presentaciones más icónicas de la temporada, la diseñadora Natasha Zinko transportó a los asistentes de su desfile otoño/invierno 2026 a su infancia en Odesa, tras la disolución de la Unión Soviética, a través de una colección que convierte el concepto de moda circular en un relato profundamente personal y visual. Lejos de ser una simple propuesta estética, la colección, titulada “Family Bizness”, funciona como un documento vivo de aquella filosofía comunitaria de “arreglar y reaprovechar” que definió una época, anticipándose décadas a las actuales conversaciones globales sobre sostenibilidad.
El escenario se pobló de referencias cotidianas reinterpretadas: modelos avanzaron con rizadores gigantes, pañuelos de plástico para la lluvia y mitones de horno convertidos en accesorios, vestidas con faldas de lápiz confeccionadas a partir de manteles de flores y abrigos acolchados con bordes de piel que recuerdan a colchas hogareñas. La técnica del parche se erigió como protagonista, visible en abrigos con cinturón donde los cuadros no emparejaban deliberadamente, o en camisetas polo con franjas de colores dispares que parecían cosidas con urgencia. Zinko, con maestría, transformó lencería de encaje en minivestidos transparentes y utilizó retales de piel de distintos tamaños para construir abrigos voluminosos, demostrando que la creatividad florece en la limitación.
El momento culminante llegó con la aparición estelar de Mel B, quien desfiló con unos tacones forrados de piel y un batín a cuadros corto con un underón exagerado, relleno como un embutido, inyectando una dosis de humor y teatralidad que contrastó con la seriedad conceptual de las piezas. Esta dualidad entre lo reflexivo y lo lúdico subrayó la intención de Zinko: no solo homenajear la inventiva de su comunidad, sino también interpelar al público actual, tanto al comprador comprometido con la economía circular como al amante de la moda rápida, invitándolo a repensar el valor intrínseco de las prendas.
La colección, en su conjunto, destaca por su energía cruda y auténtica, un testimonio de que las prácticas de reducción, reutilización y reciclaje no son una Tendencia contemporánea, sino una forma de resistencia y belleza nacida de la necesidad. Zinko logra así un ejercicio de estilo que trasciende la pasarela, ofreciendo a los espectadores no solo una visión estética, sino una lección práctica sobre cómo el pasado más íntimo puede dialogar con el futuro de la industria, proponiendo que la verdadera innovación a menudo nace de mirar atrás con respeto y creatividad.



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