El legado digital de las firmas de lujo: por qué la moda no puede permitirse el «error IBM»
La reciente sacudida en los mercados, con una oleada de ventas que borraron cerca de 40.000 millones de dólares de la valoración de IBM en un solo día, ha puesto sobre la mesa un debate que llevaba años incubándose en las salas de juntas de las grandes corporaciones, incluido el sector del lujo. La hipótesis que desencadenó la alarma fue sencilla: una nueva herramienta de inteligencia artificial promete automatizar la traducción de COBOL, el lenguaje de programación creado en 1959 que todavía sostiene sistemas críticos de banca, seguros y, de manera menos visible pero igualmente crucial, de gestión logística y de inventario para algunas de las redes globales de moda y retail más complejas del mundo.
La reacción del mercado se interpretó como un voto de confianza en la disrupción. Sin embargo, analistas del sector tecnológico y consultores especializados en transformación digital advierten que la lectura es peligrosamente simplista. El verdadero valor de los sistemas heredados, especialmente en industrias donde la precisión, la seguridad y la inmutabilidad de los datos de transacciones son absolutas —como la gestión de pedidos de alta costura o el control de stock de una red de flagship stores—, no reside únicamente en el código fuente, sino en el ecosistema de hardware y software perfectamente conjugado que lo ejecuta.
La comunidad de mainframes, con IBM a la cabeza, argumenta que el grueso del trabajo de modernización nunca ha estado en la transcripción de una sintaxis a otra. «Traducir COBOL es la parte más sencilla», concede un directivo de servicios de consultoría que prefiere no ser citado. «El verdadero reto, y donde se concentra el coste y el riesgo, es rediseñar la arquitectura de datos, garantizar la integridad del procesamiento de transacciones en tiempo real y replicar el rendimiento de nivel empresarial que una plataforma como IBM Z ofrece gracias a décadas de co-diseño hardware-software». Para una firma de moda de lujo que basa su reputación en la entrega impecable y la gestión de pedidos de clientes VIP, un downtime de minutos o un error en la lógica de negocio de un sistema de asignación de inventario puede tener consecuencias catastróficas para la imagen de marca y la lealtad del cliente.
Este escenario dibuja un panorama competitivo más matizado. Para las empresas que ejecutan COBOL en entornos distribuidos (fuera del mainframe), las nuevas ofertas de IA representan una oportunidad real. Pero para aquellas cuyas operaciones nucleares dependen de la solidez de un mainframe, la ecuación cambia. La ventaja de IBM, y por extensión de cualquier proveedor asociado, ya no es solo el conocimiento del lenguaje, sino la comprensión profunda de la plataforma completa. Un analista senior de una firma de calificación crediticia lo resume: «Estamos hablando de sistemas que procesan transacciones globales con un nivel de determinismo y fiabilidad que los clústeres de servidores estándar aún no igualan de forma tan eficiente».
¿Qué deben hacer entonces los responsables de sistemas de las casas de moda y grandes grupos de retail? Los expertos coinciden en que el pánico provocado por los titulares no debe traducirse en una estrategia de «borrón y cuenta nueva». La prioridad es reevaluar con datos en mano cada iniciativa de modernización aplazada. La clave está en realizar pilotos controlados y extremadamente delimitados, no en cambiar proveedores a ciegas. Se debe medir con lupa la calidad del mapeo de dependencias, la recuperación de la lógica de negocio oculta en el código y, sobre todo, el impacto en el rendimiento y la fiabilidad operativa una vez finalizada la migración.
El mensaje final es una advertencia para el consejo de administración: la modernización impulsada por IA es un acelerador poderoso dentro de un programa disciplinado, con hitos medibles y salvaguardas de riesgo claras. No es un botón mágico de conversión. El patrimonio digital de una empresa de moda, con toda su lógica de negocio única y sus procesos de control incorporados, es demasiado valioso como para confiar su futuro a una transcripción automática. La tecnología del siglo XXI debe aprender a dialogar, y no a enterrar, la solidez probada del siglo XX. Quienes entiendan esto, blindarán su operativa; quienes lo ignoren, podrían convertir su ventaja competitiva en un problema de continuity de dimensiones históricas.



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