Los recientes descalabros en la taquilla de las producciones integradas en el universo cinematográfico de Spider-Man han precipitado una decisión trascendental en los despachos de Sony Pictures. Tras el desempeño disparejo de títulos como Morbius, Madame Web y Kraven the Hunter —que apenas lograron recuperar una fracción de sus presupuestos de producción—, el estudio ha confirmado oficialmente un giro estratégico. Tom Rothman, presidente y CEO de Sony Pictures, ha anunciado en una reciente entrevista un «reinicio fresco» de esta línea narrativa, que apostará por sangre nueva tanto delante como detrás de las cámaras.
Esta renovación no es un simplelavado de cara, sino una reestructuración profunda guiada por una filosofía de mercado clara: la escasez genera expectación. Rothman defendió la idea de que, tras una sobreexposición de proyectos que no conectaron con la audiencia, es necesario «hacer que el público te eche de menos». En la práctica, este principio podría traducirse en una reducción del número de estrenos anuales y en una mayor cuidados en la selección de historias y, especialmente, en la construcción visual de los personajes y sus universos, aspectos clave en el género superheroico donde la estética define gran parte de la identidad de la franquicia.
El ejecutivo aprovechó la conversación, en el podcast The Town, para abordar también un episodio políticamente complejo: la prohibición en China de Spider-Man: No Way Home. Rothman reveló por primera vez que las autoridades chinas exigieron la eliminación de la escena cumbre en la Estatua de la Libertad para conceder el estreno, una petición que el estudio rechazó rotundamente. «Preferí no tener que explicarle al Congreso por qué había censurado la Estatua de la Libertad a petición del Partido Comunista Chino», afirmó, subrayando la integridad creativa como un valor no negociable. Este episodio, que privó a la película de un mercado masivo, se calcula que le costó al estudio Around de $200 millones en recaudación potencial, una losa que Rothman reconoce con frustración.
El balance de la última hornada de películas live-action es demoledor. Si Venom (2018) estableció un listón alto con $856 millones worldwide, el resto de los estrenos han naufragado: Morbius (2022) se quedó en $162 millones, Madame Web (2024) en $100 millones y Kraven the Hunter (2024) ha rozado el desastre con $60 millones, muy por debajo de un presupuesto estimado superior a los $100 millones. Estos números, unidos a una recepción crítica mayoritariamente negativa, señalan un problema que va más allá del merchandising o el marketing: una desconexión entre la propuesta estética y narrativa de estos proyectos y el público al que aspiraban.
Respecto a la relación con Marvel Studios y Kevin Feige, Rothman se mostró particulièrement elogioso: «Nunca apuestes en contra de Kevin Feige». Aunque el acuerdo de coproducción centrado en el Spider-Man de Tom Holland sigue vigente, el futuro del universo expandido de Sony parece encaminarse hacia un camino autónomo y radicalmente renovado. La consigna de «nuevas personas» apunta a una refundación que probablemente implicará un cambio en los diseñadores de vestuario, directores de arte y equipos de efectos visuales, buscando una coherencia visual que hasta ahora ha brillado por su ausencia.
El anuncio llega en un momento de incertidumbre para los estudios tradicionales, donde la saturación de contenido superheroico exige propuestas más cuidadas. Sony parece haber comprendido que, en este nicho, laarquitectura visual —desde el diseño de los trajes hasta la paleta de color de cada ciudad— es tan narrativa como el guion. El éxito de Spider-Man: Into the Spider-Verse, con su revolucionario estilo animado, demuestra que la innovación estética es un motor de atracción poderoso. El desafío ahora es trasladar esa audacia visual a un formato de acción real, con un presupuesto ajustado y bajo el escrutinio de una audiencia que ya ha mostrado su hartazgo.
Mientras los fans especulan sobre qué historias contarán, lo seguro es que el próximo proyecto que emane de este relanzamiento será observado con lupa. La apuesta por un «reinicio fresco» no solo implica nuevos actores o directores; es una declaración de intenciones para recuperar la esencia iconográfica de un personaje que, en manos equivocadas, puede perder su magnetismo. En un mercado donde la moda cinematográfica se mide en memes y filtros de Instagram, la próxima adaptación de Spider-Man deberá demostrar que su estética no es un accesorio, sino el núcleo de su relevancia.
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