En un entorno comercial marcado por la volatilidad arancelaria, Steve Madden, el gigante estadounidense del calzado, ha dibujado un panorama contrastado para el ejercicio fiscal 2026. La compañía, que ha completado un 2025 calificado de “desafiante” por el impacto directo de los nuevos gravámenes a las importaciones, ha optado por no ofrecer una guía financiera completa ante la persistente incertidumbre regulatoria. Esta decisión, comunicada en su conferencia de resultados del cuarto trimestre de 2025, refleja un prudente enfoque de gestión en medio de un contexto geopolítico cambiante.
Edward Rosenfeld, presidente y consejero delegado de la empresa, fue claro al justificar la ausencia de previsiones concretas: “Consideramos las guías como un compromiso con la comunidad inversora, y solo queremos proporcionarlas cuando contamos con la claridad informativa necesaria para respaldarlas. En este momento, simplemente no la tenemos”. Sus declaraciones, recogidas por múltiples medios de comunicación especializados, subrayan cómo las oscilaciones en la política comercial estadounidense han generado un “vuelco constante” en los últimos días, dejando sin respuesta “cuestiones importantes” sobre el futuro de las cadenas de suministro y la estructura de costes.
No obstante, la firma sí ha esbozado un rango de crecimiento para el año entrante. Espera que los ingresos totales del ejercicio 2026 aumenten entre un 9% y un 11% respecto a 2025, con un primer trimestre especialmente fuerte, proyectando una subida del 15% al 17%. Este optimismo moderado se sustenta, según Rosenfeld, en la aceptación favorable de los consumidores hacia las nuevas colecciones de primavera y en la solidez de sus tres marcas principales: Steve Madden, Dolce Vita y Kurt Geiger London. “Todas están posicionadas para el crecimiento”, afirmó, señalando la “momentum” que se está construyendo en la marca homónima y las oportunidades de expansión en la consultora de lujo Kurt Geiger.
El verdadero punto de fricción, y el mayor obstáculo reconocido para 2026, reside en el negocio de etiqueta privada (private label). Este segmento, orientado a canales de masa y valor, ha sido el más castigado por la sensibilidad al precio de sus clientes y por la imposibilidad de la compañía de trasladar los costes arancelarios a través de su propio poder de marca. “No tenemos el beneficio del apalancamiento de la marca para acciones de precios”, reconoció el ejecutivo. Los datos revelan la magnitud del problema: las ventas de esta división cayeron un 15% en 2025 (hasta aproximadamente 355 millones de dólares, desde los 415 millones de 2024) y se prevé una contracción cercana al 20% para 2026, una desaceleración que could suponer una pérdida adicional de unos 70 millones de dólares.
Rosenfeld explicó que, en este canal, la empresa tiene un control limitado sobre estrategias como los descuentos o las promociones, lo que reduce significativamente sus herramientas para revertir la tendencia a corto plazo. “Hemos visto cómo algunos clientes han reducido temporalmente sus pedidos”, admitió, aunque matizó que las relaciones comerciales se mantienen y confían en recuperar terreno “con el tiempo”, gracias a su propuesta de diseño y conocimiento del mercado. A pesar de este “viento en contra” (headwind) declarado para 2026, la dirección mantiene la confianza en la recuperación del negocio de marcas propias, donde se observa una “recuperación sólida” tras el golpe de 2025. El desafío pendiente es cómo aislar al Grupo Steve Madden de las turbulencias arancelarias mientras su división más vulnerable continúa erosionando la cuenta de resultados global.



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