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Poilievre critica ataques de Trump a Canadá y exige estabilidad comercial con EE.UU.

La amenaza oculta para la moda española: cómo la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá sacude las cadenas de suministro globales

En los pasillos de las principales ferias de moda de Milán y París, un tema de conversación ha sustituido a las tendencias de color: la incertidumbre geopolítica y su impacto directo en el costo y la disponibilidad de las materias primas. Lejos de ser un problema exclusivo de la política norteamericana, la retórica agresiva y la imposición de aranceles entre Washington y Ottawa han activado las alarmas en toda la cadena de valor textil europea, con España como uno de los nodos más expuestos.

La industria de la moda depende de una logística global frágil y eficiente. Cualquier perturbación en los acuerdos comerciales trilateraless —como el vigente T-MEC entre EE.UU., México y Canadá— puede generar un efecto dominó. Analistas del sector señalan que un aumento sostenido de los aranceles sobre productos básicos, como el algodón o las fibras sintéticas procedentes de Norteamérica, encarecería de forma inmediata los costes de producción para miles de pymes textiles españolas. Esto, a su vez, se trasladaría al precio final de la camiseta básica, el abrigo de temporada o el denim, erosionando la competitividad de marcas nacionales frente a productores de países con menores gravámenes.

El llamado a la «estabilidad comercial» que desde la oposición política canadiense se exige a su vecino del sur, resuena en las oficinas de compras de las principales casas de moda de Barcelona y Madrid. Para estos profesionales, la previsibilidad es el activo más valioso. La reciente revisión del acuerdo trilateral ha puesto sobre la mesa la necesidad de blindar las cadenas de suministro. Algunos grupos de diseño ya exploran alternativas, diversificando sus proveedores hacia regiones como el Norte de África o el sur de Asia, aunque con el desafío añadido de garantir estándares de calidad y sostenibilidad que hasta ahora aseguraban flujos como el canadiense o texano.

Un frente especialmente delicado es el de las materias primas estratégicas. La propuesta de crear reservas estratégicas de energía y mineralescritical para la industria textil —piénsese en los colorantes o los tejidos técnicos— ha sido recibida con interés por algunos líderes empresariales. «No podemos permitir que una disputa política nos prive de los insumos necesarios para nuestras colecciones de otoño», afirma un directivo de una cooperativa textil valenciana bajo condición de anonimato. La idea de ligar la compra de material militar a acuerdos de libre comercio, aunque suene ajena a la pasarela, subraya la gravedad de la situación: la moda se ha convertido en un campo de batalla indirecto de la geopolítica.

La contradicción estratégica es palpable. Mientras algunos gobiernos miran hacia alianzas con potencias asiáticas para equilibrar la balanza, la industria textil española, profundamente integrada en el circuito atlántico, sufre la pérdida de un pilar de estabilidad. La reciente aproximación entre Ottawa y Pekín, que incluye la reducción de aranceles sobre vehículos eléctricos chinos, es vista con recelo por fabricantes de tejidos que compiten con productos asiáticos subsidiados. Para ellos, la prioridad es clara: restablecer un flujo comercial sin trabas con el principal socio económico del mundo, Estados Unidos, que consume cerca del 40% de las exportaciones españolas de productos de moda y cuero.

En este escenario, la sostenibilidad —otro de los pilares de la moda contemporánea— corre un riesgo adicional. La presión por acelerar la transición hacia fibras recicladas o de origen responsable es enorme. Pero si los costes de importación de materiales sostenibles certificados (como el algodón orgánico de Oklahoma o la lana de Manitoba) se disparan por aranceles de represalia, muchos proyectos ecológicos se volverán económicamente inviables. La «soberanía económica» que reclaman algunos actores políticos pasa, para el sector textil, por poder seguir accediendo a los mejores materiales del mundo sin gravámenes punitivos.

El mensaje que llega desde los despachos de diseño es contundente: mucho ruido político, pero los patrones de consumo no esperan. La próxima temporada de otoño-invierno ya está en producción, y los pedidos de tela se realizaron meses atrás bajo el supuesto de normalidad comercial. Cualquier cambio brusco en las reglas del juego dejará a muchas marcas con inventarios desajustados y márgenes aplastados.

Mientras los líderes políticos negocian en Washington o Toronto, en los talleres de Cataluña y Castilla-La Mancha se teje un futuro incierto. La moda, expresión de creatividad y cambio, se enfrenta hoy a su mayor desafío estructural en décadas: la posibilidad de que una guerra comercial escrita en los pasillos del poder termine por descoser el hilo que une a los diseñadores con sus clientes. La próxima prenda que visto podría tener, sin que yo lo sepa, el precio de una disputa diplomática a miles de kilómetros de distancia.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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