Porro celebra 101 años de legado familiar: así ha reinventado el diseño de mobiliario sin perder su esencia
La historia de Porro no es solo la de una empresa de mobiliario, sino la de una familia que ha sabido convertir el debate generacional en su mayor virtud. Fundada en 1925 en Brianza, el corazón industrial de la Lombardía italiana, por los hermanos Giulio y Stefano Porro, la compañía ha llegado a sus 101 años como un raro ejemplo de continuidad familiar en un sector globalizado. Su distintivo logo, obra del genio del diseño Bruno Munari, es ya un icono, pero la verdadera singularidad de Porro reside en su modelo de gobernanza: una estructura democrática donde cuatro primos de tercera generación, todos nietos de los fundadores, comparten el poder y cada uno ha designado a un hijo de la cuarta generación para asumir responsabilidades. Este micromodelo, casi un consejo de ancianos y jóvenes reunidos, es la columna vertebral que ha permitido navegar un siglo de cambios tectónicos en el gusto y la industria.
El punto de inflexión moderno lo protagonizó la tercera generación, liderada por Lorenzo Porro y sus primos Fabio, Giovanni y Danilo. Federico, según relatan en la sede milanesa, fue quien, junto a Pier Giorgio Cazzaniga, desoyó la tradición paterna de ceñirse a lo básico del hábitat y construyó en secreto, en el sótano familiar, el primer prototipo de un sistema modular. Aquella rebeldía juvenil, que contó con el apoyo tácito de un tío visionario, germinó en la famosa línea de sistemas modulares que revolucionaron la organización del espacio doméstico y se mantienen como uno de los pilares de venta de la firma. Junto a esta apuesta, la decisión más transformadora fue la colaboración en 1989 con el arquitecto y diseñador Piero Lissoni, quien asumió como director artístico y, durante más de tres décadas, ha sido el lazo entre la tradición artesanal de Porro y una estética global contemporánea.
Esa filosofía de diálogo entre creatividad y producción define la identidad de Porro. «La consistencia es lo más importante», señala María Porro, Directora de Marketing y Comunicaciones, y también hija de Lorenzo. «Crecimos centrándonos en la calidad de los detalles, los materiales y el equilibrio entre lo creativo y lo productivo. Cuando un diseñador colabora con nosotros, sabe que trabaja con un partner que entiende de investigación, desarrollo y manufactura». Este ethos se materializa en cada encargo, donde el mobiliario trasciende su función aislada para convertirse en una herramienta de diseño arquitectónico, ofreciendo soluciones a medida que dotan de dinamismo a los espacios.
La cuarta generación, con Giovanni (sistemas de calidad), Giulio (aprovisionamiento) y Beatrice (la más joven), ha tomado el testigo con una misión clara: expandir la presencia global sin diluir el ADN de la casa. Su estrategia ha consistido en tejer una red de arquitectos y diseñadores worldwide, pero también en una apuesta institucional clave: la apertura de showrooms monomarca. María, hoy presidenta del Salone del Mobile.Milano, recuerda la resistencia familiar inicial a esta idea. «Quería demostrar que no éramos solo un fabricante de productos, sino una marca que ofrece un concepto de hábitat cohesionado». El primer espacio propio abrió en la vía Durini de Milán hace unos 15 años, y la expansión continúa, con una flagship reciente en Nueva York, en colaboración con el multibrand hub West I Out East, y proyectos en Denver.
Como colofón a esta conmemoración, Porro presenta en su showroom milanés la exposición «Chi cerca trova» (Quien busca, encuentra), un viaje sentimental a través de instalaciones del desaparecido artista Giuliano Mauri, maestro en dialogar con la naturaleza. La muestra, comisariada por el estudio Sfelab, recorre la evolución de la casa moderna a través de piezas icónicas de Porro: cajas, marcos y vitrinas que han ayudado a definir el living contemporáneo.
Mirando al futuro, la firma de Brianza enfrenta un entorno complejo, como otras manufacturas de lujo heredadas como Molteni, Minotti o Kartell. Su receta para la resiliencia combina expansión contract (proyectos de gran escala, donde aplican un enfoque «exquisitamente selectivo» para no comprometer calidad) y un profundo compromiso social. Un ejemplo paradigmático es su acuerdo con la Cooperativa Alice, un taller de alta costura italiano que da oportunidad laboral a mujeres en situación de vulnerabilidad,特别是 privadas de libertad o víctimas de violencia. Las prendas creadas por estas costureras visten ahora los showrooms de Porro en el mundo, y la compañía está desarrollando uniformes laborales que incluirán una etiqueta con un artículo de la Constitución italiana sobre el trabajo y un código QR que enlaza a la historia de las artesanas. «No es una relación cliente-proveedor, es un trueque de conocimientos y una colaboración auténtica», subraya María Porro.
De cara al Salone del Mobile 2025, la compañía presentará novedades como la estantería «Ryo», del estudio Nao Tamura, y una nueva colección con Yabu Pushelberg, reafirmando su política de collaborations con mentes diversas —desde el desaparecido Alessandro Mendini hasta los actuales GamFratesi (creadores de la revolucionaria silla Romby)—. Su futuro parececlavado en un intriguing concepto: «ofrecer las garantías de un producto industrial —certificaciones, plazos, precios fijos, durabilidad— con la flexibilidad de la alta costura». Un híbrido que, en boca de Porro, suena menos a oxímoron y más a la fórmula probada de una familia que, tras 101 años, sigue encontrando lo que busca.



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