La rúbrica oficial celebraba un “hito científico sin precedentes”, pero detrás del anuncio japonés sobre la extracción de minerales raros en el lecho marino de Minamitori se esconde una narrativa electoral cuidadosamente construida. La primera ministra Sanae Takaichi supo capitalizar un proceso exploratorio en aguas profundas para proyectar una imagen de fortaleza ante la dependencia china, en un momento de tensiones bilaterales agudas y en la antesala de unas elecciones decisivas.
El viaje del buque de perforación Chikyū a la remota isla de Minamitori, a más de 1.800 kilómetros de Tokio, no era una novedad. Los trabajos preparatorios en la zona se extendían ya desde años atrás, con el objetivo ambicioso de convertir a Japón en pionero de la minería submarina comercial. Sin embargo, la decisión de hacer público el éxito de la misión —con la recuperación de 350 toneladas de lodo rico en elementos de tierras raras— en plena campaña electoral, y menos de una semana antes de los comicios del 8 de febrero, tuvo un claro propósito político: demostrar una ruta alternativa al suministro chino.
El contexto era propicio. Desde octubre de 2025, las relaciones entre Tokio y Pekín atravesaban un deterioro acelerado. La disolución de la histórica coalición entre el Partido Liberal Democrático y Komeito había liberado a Takaichi de cualquier moderación en su política exterior. Sus declaraciones sobre un posible contingente en Taiwán, interpretadas bajo la doctrina de la autodefensa colectiva, y la respuesta china con un veto encubierto a la exportación de bienes de doble uso —incluidos minerales críticos— replicaban la dinámica coercitiva de la crisis de 2010 en las islas Senkaku/Diaoyu.
La primera ministra, apodada la “Dama de Hierro” japonesa en alusión a su admirada Margaret Thatcher, enmarcó estos eventos como una amenaza existencial para la seguridad económica nacional. Su discurso presentó la explotación de los depósitos submarinos de Minamitori, estimados en más de 16 millones de toneladas, como la solución definitiva. Según sus declaraciones, este “primer paso hacia la industrialización” garantizaría “cadenas de suministro resilientes” y pondría fin a la “dependencia excesiva de un país concreto”, en una clara alusión a China.
No obstante, el optimismo gubernamental contrasta frontalmente con las valoraciones de la comunidad científica y de expertos en minería submarina consultados para este reportaje. La viabilidad comercial de la minería de aguas profundas (DSM, por sus siglas en inglés) sigue siendo una perspectiva a largo plazo, no un proyecto inminente. La tasa de extracción actual, de unas 350 toneladas diarias de lodo, está muy por debajo del umbral de rentabilidad estimado, que requeriría multiplicar por diez esa cifra. Además, la logística plantea obstáculos enormes: la isla Minamori está extremadamente aislada, el viaje desde la costa principal dura cinco días y no existe infraestructura para refinar el material in situ. El único buque capaz de alcanzar los 6.000 metros de profundidad, el Chikyū, es un activo único y costoso.
El vacío regulatorio agrava las incertidumbres. Si bien la Ley de Minería fue modificada en 2022 para incluir los minerales de tierras raras, su enfoque se limita a los derechos de explotación. La Ley de Evaluación de Impacto Ambiental, por su parte, no contempla expresamente los recursos del lecho marino, dejando un vacío normativo sobre los riesgos ecológicos de una actividad que podría dañar ecosistemas abisales todavía poco conocidos.
Los analores coinciden en que el anuncio del 2 de febrero fue una hábil operación de comunicación política. La narrativa de un Japón autosuficiente y desafante ante China resonó en el electorado, contribuyendo a la aplastante victoria de la coalición de Takaichi, que obtuvo una supermayoría legislativa. Este resultado le otorga ahora el margen para impulsar su agenda sin los frenos de la anterior alianza con Komeito, partidaria del diálogo con Pekín.
Las implicaciones geopolíticas son profundas. La explotación de los recursos en la Zona Económica Exclusiva de Minamitori ya ha generado fricciones. En junio de 2025, el portaaviones chino Liaoning penetró en esas aguas, en lo que muchos interpretaron como un gesto de advertencia. La consecución de una cadena de suministro alternativa, aunque aún teórica, es percibida en Pekín como un desafío directo a su capacidad de influencia. Es probable que las tensiones en torno a esta pequeña pero estratégica isla se intensifiquen en los años venideros.
En definitiva, la expedición del Chikyū es un logro científico tangible, pero su explotación comercial sigue enfrentándose a barreras técnicas, económicas y ambientales monumentales. Su instrumentalización política para las urnas ha creado, sin embargo, una expectativa pública que el gobierno deberá gestionar. El verdadero desafío no es solo extraer lodo del fondo marino, sino transformarlo en una alternativa real y sostenible sin desatar un conflicto mayor con su mayor socio comercial. Minamitori, antes un punto几乎 olvidado en los mapas, se ha convertido en el epicentro de una nueva carrera por la seguridad de recursos críticos, donde la ciencia, la política y la estrategia militar se entrelazan de manera inseparable.



GIPHY App Key not set. Please check settings