En el corazón de la moda vanguardista, donde el pasado se funde con la provocación, Ann Demeulemeester ha presentado su colección de otoño-invierno 2026, una propuesta que confirma la dirección visionaria de Stefano Gallici al frente de la casa. Lejos de caer en la mera repetición, el diseñador italiano ha logrado un equilibro más sólido entre narrativa poética y contundencia sartorial, hilvanando una historia personal que resuena con fuerza en el presente.
La colección surge de un crisol de influencias que Gallici cultiva desde su juventud en un pequeño pueblo italiano: la rebeldía del rock de los años setenta y la intensidad lírica del poeta Arthur Rimbaud. Esta vez, esa base conceptual se materializa en un diálogo fascinante entre el espíritu romántico del siglo XIX y una actitud desenfadada y urbana. El tailoring emblemático de la maison, conocido por su precisión y silueta andrógina, dialoga con referencias victorianas —como cuellos altos y mangas abullonadas— y con piezas de inspiración militar que el diseñador relanzó con éxito en temporadas anteriores, como las chaquetas tipo Napoleón.
La gran sorpresa, sin embargo, llega en la reinterpretación del estilo preppy o colegial. Gallici lo transgrede con uniformes escolares desgarrados, con bajos sin rematar y forros que se asoman de manera casual, desmitificando la pulcritud. Los blazers de terciopelo aplastado lucen escudos bordados, mientras que los denims presentan bandas laterales doradas rotas. Incluso los pantalones parecen cuadernos de bocetos, estampados con notas y garabatos personales, un guiño a la creación constante. Los jerséis de mohair en V y los vestidos, con un aspecto deliberadamente desgastado, se superponen a delicadas blusas de encaje, fusionando lo áspero y lo etéreo.
En contrapunto, la línea se enriquece con capas, abrigos largos y nuevas versiones de las icónicas chaquetas de motorista de Gallici. Una chaqueta acolchada con cremalleras, que mezcla borreguito y cuero tachonado, destaca por su calidad técnica. La romántica se expresa en blusas con volantes, cuellos bordados en terciopelo y tul, y en faldas largas de gasa bias-cut y vestidos de terciopelo que fluyen con elegancia. Este lirismo, lejos de ser cursi, se domestica con calzado robusto: botas militares de suela gruesa y sneakers tipo Converse, que anclan las siluetas al asfalto.
El soundtrack en vivo, creado por el dúo Beguiling Junior, y la presencia de modelos convertidos en musas de la escena musical independiente —como Rhian Teasdale de Wet Leg o el hijo de Billy Idol, que abrió el desfile con una capa de cuero con flecos— subrayan la conexión de Gallici con la cultura rock contemporánea. Entre el público, figuras como el guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, o la modelo Lourdes León, reflejan el cruce de generaciones que la colección celebra.
Más allá de las referencias puntuales a Rimbaud en camisetas estampadas, Ann Demeulemeester Fall 2026 se erige como un manifiesto coherente. Es una moda que no teme ser intelectual pero que lleva su erudición en la piel, a través del desgaste y la superposición. Gallici consolida así su propuesta: una alternativa sofisticada y con Feeding al caos, donde cada desgarro, cada bordado y cada silueta cuentan una historia de poesía urbana y rebeldía estilizada. La expectación generada no se debe solo a la estética, sino a la confirmación de una voz auténtica en un panorama que a menudo olvida el peso de las historias personales.


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