La colección de Niccolò Pasqualetti para esta temporada se erige como un manifiesto de la moda como disciplina escultórica, donde la pieza de vestir trasciende su función utilitaria para convertirse en un análisis tridimensional del cuerpo. El diseñador italiano, fiel a su filosofía de raíces arquitectónicas, propone un diálogo intenso entre la organicidad de la silueta humana y la estructura impuesta por el patrón, borrando intencionadamente los límites entre indumentaria, complemento y joyería.
La experimentación material es el pilar sobre el que se construye esta propuesta. Pasqualetti recurre a una lona tratada que alcanza un equilibrio casi científico entre rigidez y fluidez, permitiendo crear volúmenes que envuelven sin oprimir. En el apartado de punto, los motivos de caimán introducen una textura primigenia que contrasta con la innovación técnica aplicada a la seda, transformada para simular el aspecto y la caída del pelo natural.Esta dualidad entre lo crudo y lo refinado se repite en la paleta cromática, que transita desde el rojo intenso y el verde musgo hasta el naranja oxidado y el azul noche, puntuada por destellos de lentejuelas que actúan como focos de luz sobre superficies mates.
La construcción de las prendas gira en torno a la idea de hibridación y capas complejas. Un ejemplo paradigmático es el jersey de manga única que se superpone a una camisa blanca impecable, donde el lado sin manga se desliza como una bufanda, ejecutando un juego de asimetrías que desafía la lógica clásica del vestuario. En faldas, vestidos y abrigos, los pliegues invertidos en laespalda generan un volumen de capullo, una burbuja de aire que despega del torso. Para la línea masculina, los pantalones de talle alto se segmentan a la altura de la rodilla, generando una híbrido entre pantalón y falda; en la femenina, las largas faldas se torsionan y se ajustan a la pierna, difuminando los códigos entre sastrería y drapado.
Esta constante superposición de géneros —donde lo记得 y lo femenino, lo urbano y loescultórico— se configura como el código identitario de la casa. El diseñador contrarresta el brillo de los vestidos largos plateados o en melocotón pálido, cargados de lentejuelas, con el pragmatismo de botas planas o zapatos brogue, anclando la fantasía en el terreno firme del día a día. La aproximación de Pasqualetti, profundamente intelectual y ejecutada con maestría técnica, se presenta no como una fantasía inalcanzable, sino como un estudio elevado sobre la forma. Su propuesta invita a reconsiderar el armario como un laboratorio de volúmenes, donde cada costura busca redefinir la relación entre quien viste y lo que viste.



GIPHY App Key not set. Please check settings