La Semana de la Moda de París ha sido testigo de una convergencia fascinante entre el cine y la alta costura durante la presentación de la colección Otoño 2026 Ready-to-Wear de Jean Paul Gaultier, bajo la dirección creativa de Duran Lantink en su segunda incursión para la mítica maison. El evento, celebrado en la capital francesa, no solo destacó por sus propuestas estilísticas, sino por la nutrida presencia de personalidades del entretenimiento en la zona preferente, quienes aportaron sus propias narrativas al espectáculo.
Entre las asistentes más prominentes figuró la actriz Naomi Watts, quien acudió a su cuarto desfile en el marco de la jornada parisina. Watts, visiblemente exhausta, bromeó sobre su estado: “Mi mente está absolutamente en blanco hoy, apenas logro mantenerme erguida”. Sin embargo, su motivación trasciende la fatiga: su hija Kai Schreiber debutó en la pasarela de Gaultier, sumándose a una temporada de eclosión en el mundo del modelaje tras desfilar también para Balmain y Mugler. La coincidencia familiar se hizoPatente la noche anterior, cuando madre e hija asistieron juntas al desfile de Balenciaga, evidenciando un vínculo reforzado en el ámbito de la moda.
Watts reflexionó sobre la carrera ascendente de Kai, destacando la selectividad con la que gestionan sus compromisos: “Hemos optado por ser muy cuidadosos y mantener un ritmo manejable. No me sorprende su dedicación; posee una pasión arrolladora. Esto es lo que ama, y realmente se le da excepcionalmente bien”. La actriz confesó que el entusiasmo de su hija la ha llevado a reconectar con la moda, un sector en el que ella misma inició su andadura profesional a los diecinueve años. “Hoy vivimos esto con intensidad y optimismo. Es su camino, y lo abraza con una determinación admirable”, añadió.
Paralelamente, Watts, ubicada junto a la cineasta Coralie Fargeat, adelantó detalles de su próximo proyecto televisivo. Volverá a interpretar a Liberty Ronson en la segunda temporada de “All’s Fair”, serie donde las capas y abrigos funcionan como una especie de “armadura” para su personaje. Lamentó, no obstante, la imposibilidad de conservar prendas del vestuario de la primera entrega, salvo un par de calzado: “Las restricciones de producción son estrictas, dado que siempre existe la posibilidad de una continuación. Logré sustraer discretamente unos zapatos”.
El actor Macaulay Culkin, por su parte, irrumpió como una de las sorpresas de la velada, tras haber asistido al desfile de Christian Dior días atrás. Culkin, que decidió acudir en solitario —su esposa, Brenda Song, no le acompañó—, describió su acercamiento a la moda como un experimento lúdico: “Quería hacer algo distinto. Pensé: ‘¿Por qué no meter el dedo en el agua y ver si me apetece nadar?’. Y la verdad, va de maravilla”. Reconoció sentirse abrumado por el “circuito de la moda”, con su bullicio y constante interacción, pero subrayó que gestionar esa sobrecarga forma parte de la experiencia vital: “Al final, es como dar vueltas en una montaña rusa; uno termina disfrutando del viaje”.
Su estampa, cuidadosamente orquestada, incluyó una manicura en tono azul celeste que coordinaba con su camisa de inspiración Op Art en azul y blanco. “Siemprocuro que las uñas jueguen con el conjunto. Me gusta aportar un toque de personalidad, algo que distinga”, comentó con una sonrisa, revelando una obsesión estética que trasciende lo convencional.
El front row también albergó a figuras como Barbie Ferreira, la rapera Tokischa, Lennon Gallagher y la cantante Tyla, aunque el foco mediático se repartió entre la dinámica Watts-Schreiber y la inesperada presencia de Culkin. Este último, pese a su reluctancia inicial, admitió encontrarse cómodo en un entorno que, para muchos, resulta vertiginoso.
El desfile de Jean Paul Gaultier, revisitado por Duran Lantink, se erige así como un crisol donde la experimentación textil dialoga con las historias de quienes lo observan. La presencia de celebrities no es meramente ornamental; cada asistente porta una carga biográfica que se entrelaza con la propuesta de la maison, ya sea a través de la reafirmación materno-filial de Watts, la curiosidad exploratoria de Culkin o la juventud desfilante de Kai Schreiber. En un sector donde la imagen y la narrativa son inseparable, la moda parisina ratifica su capacidad para generar discursos que van más allá de la tela y el diseño.



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