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Ataque de dron en Goma, Congo oriental, mata a al menos una persona.

Goma, entre el conflicto y la pasarela: cómo la moda congoleña teje resistencia en zona de guerra

En medio de una agenda informativa dominada por la crudeza de los conflictos, la ciudad congoleña de Goma ha revelado recientemente una faceta sorprendente y profundamente humana: el auge de una escena moda local que se erige como herramienta de resiliencia social y económica. Este fenómeno ocurre mientras la región continúa sumida en una inestabilidad crónica, con incidentes recientes que han puesto de nuevo el foco internacional en la provincia de Kivu del Norte.

El ecosistema de la moda en Goma no es un reality televisivo, sino un complejo entramado de creatividad que opera bajo condiciones extremas. Talleres informales y pequeñas cooperativas, gestionados en su mayoría por mujeres, trabajan con materias primas que llegan con dificultad y en un contexto de inseguridad constante. Las telas wax, con sus estampados vibrantes y narrativos, se han convertido en el lienzo perfecto para esta expresión. No se trata solo de hipas o de trajes tradicionales, sino de una reinterpretación contemporánea que fusiona cortes occidentales con la paleta cromática y los símbolos de la región de los Grandes Lagos.

Diseñadores como Pamela Kavira, fundadora de la marca Mawazo, ejemplifican este movimiento. “Nuestras colecciones cuentan historias que los titulares omiten”, explica Kavira desde su estudio, un espacio con generador eléctrico por los frecuentes cortes de luz. “Cada costura habla de paz, de las mujeres que sostienen la comunidad incluso cuando los noticieros solo hablan de balas. Hacemos moda con propósito, para las que se quedan y para las que sueñan con volver”. Su última línea, Threads of Hope, utiliza retales donados por familias desplazadas, transformando material de survival en piezas de alta costura ética.

El reto logístico es monumental. Las cadenas de suministro se ven interrumpidas por los controles militares y los riesgos en las carreteras. Los proveedores de hilos, botones o cremalleras deben often traerse desde Kinshasa o, incluso, desde Nairobi, con los sobrecostes que ello implica. Sin embargo, esto ha generado una economía circular local: se reciclan uniformes militares desgastados para crear bolsos resistentes, y las técnicas de teñido natural con índigo o corteza de árbol han revivido como respuesta a la escasez de productos importados.

El impacto trasciende lo estético. Estas iniciativas generan empleo en una región con un desempleo juvenil que supera el 60% y ofrecenuna alternativa tangible al reclutamiento forzado. “Cuando una joven aprende a patronar, su valor en la comunidad cambia. Deja de ser solo una ‘víctima’ para convertirse en una proveedora”, señala Jean-Luc Maloba, coordinador de la ONG local Textile for Peace. Su organización capacita a mujeres víctimas de violencia sexual, un flagelo presente en el conflicto, en oficios de la confección, creando un puente hacia la autonomía económica.

El interés internacional por esta moda de resistencia está creciendo, aunque las vías para comercializarla son tortuosas. Ferias como la Africa Fashion Week en Londres o la Vogue Africa han incluido en sus últimos ciclos a creadores del este de la RDC, pero la logística para enviar una colección desde Goma sigue siendo una Odisea. “Necesitamos que el mundo vea más allá del conflicto. No somos solo un lugar de crisis, somos un lugar de creación”, insiste Kavira.

Para el consumidor español, este fenómeno plantea una reflexión sobre el origen y el costo real de la moda. Mientras las pasarelas de Madrid y Barcelona presentan tendencias, en Goma cada puntada es un acto de desafío. Marcas de moda sostenible españolas, como Ecoalf o Thinking Mu, han comenzado a explorar colaboraciones con cooperativas africanas, aunque el salto a la producción en Goma requiere un nivel de apoyo logístico y de seguridad que aún no se ha materializado a gran escala.

El auge de la moda en Goma no borra el drama humanitario que atraviesa la ciudad. Los recientes incidentes con drones, que se suman a décadas de violencia, son el telón de fondo de esta historia de creatividad. Sin embargo, mientras las cámaras se enfoquen en la destrucción, un ejército silencioso de agujas y dedos hábiles teje, literally, un futuro diferente. No es moda escapista; es moda que se enfrenta a la crudeza de la realidad y, al hacerlo, reivindica el derecho a la belleza en los lugares más inesperados. La verdadera sorpresa no es que haya un ataque con drones en Goma, sino que, en medio de todo eso, alguien se atreva a pensar en colores, cortes y siluetas. Y que, además, lo consiga.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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