Milan — En el corazón de la Semana de la Moda de Milán, una nueva propuesta masculina emerge con la intención de redefinir el guardarropa del viajero contemporáneo. Se trata de Escapista, la marca creada por Leonardo Girombelli, un experimentado ejecutivo del sector que ha decidido canalizar su pasión por los viajes y su herencia familiar en el mundo de la moda en un proyecto que aboga por una creación más reflexiva y alejada de los ciclos tradicionales.
Girombelli, hijo de los fundadores de la casa Genny, acumula una trayectoria que incluye etapas en Yoox, Fendi, el grupo Prada y Tod’s. Tras años en posiciones directivas y un período dedicado a la consultoría estratégica, el pasado mayo se embarcó en esta aventura empresarial con una premisa clara: diseñar para hombres que ven en el desplazamiento una forma de vida, no un mero traslado. “Los viajeros son héroes modernos: curiosos, tolerantes y abiertos a la diversidad”, afirma el italiano, quien define a su cliente ideal como un hombre de entre 30 y 50 años, con intereses que van desde la literatura hasta la fotografía, y sin reparos en mostrar su sensibilidad, algo que históricamente se ha asociado más al público femenino.
Esta filosofía se plasma en una estética “sutil y de resonancia íntima”, alejada de las tendencias fugaces. La primera colección, presentada en drops concisos, prioriza piezas básicas de alta calidad y una paleta cromática dominada por el azul en todas sus variantes. “Es un color que denota profundidad y con el que me siento personalmente cómodo, pero además supone una apuesta por ser fácilmente reconocible”, explica Girombelli. La marca abraza la imperfección calculada y el aspecto vivido, con efectos desgastados, estampados que recuerdan a las cianotipías y detalles artesanales como bordados de cruz o cuentas de madera inspiradas en los malas budistas.
La producción se localiza en las regiones italianas de Las Marcas y Apulia, con prendas como la camiseta Ki de jersey de algodón orgánico teñida a la prenda para un lavado antiguo, la camisa de manga larga Ubud de muselina con botones de nácar o el hoodie Atacama de terciopelo de algodón. La línea se completa con un capítulo de playa fabricado en Guimarães, Portugal, donde los bañadores se decoran con serigrafías manuales plantilla y aerografía. Paralelamente, los accesorios —bolsas de lona, neceseres y maletas de fin de semana en cuero granulado o ante— priorizan la flexibilidad y la suavidad, en clara oposición a la rigidez de las maletas con ruedas.
En cuanto a precios, Escapista se posiciona en la gama alta accesible, con camisetas desde 125 euros hasta aproximadamente 900 euros para losbolsos de viaje de piel. Girombelli justifica esta horquilla como un ejercicio de “honestidad intelectual” ante una clientela cada vez más escéptica con el lujo. “Al trabajar directamente con pequeños talleres y eliminar intermediarios en la cadena de suministro, podemos controlar los costes sin sacrificar calidad”, señala. Esta transparencia se extiende a la distribución: el modelo es principalmente directo al consumidor a través de su tienda online, pero complementado con puntos de venta físicos muy selectos. En lugar de optar por tiendas de moda multimarca, la marca está cerrando acuerdos con boutiques de hoteles en destinos turísticos, un entorno queGirombelli considera más afín a su esencia. “Si lo piensas, las mujeres siempre encuentran algo que comprar en estos espacios, pero no es tan frecuente en el caso de los hombres, lo que nos da una ventaja interesante”, comenta.
La expansión geográfica inicial se centrará en el Mediterráneo, con Italia, España, Grecia y Portugal como mercados prioritarios. Ya en el horizonte aparecen las siguientes entregas para julio y noviembre, que incorporarán prendas de entretiempo como punto de ovillo y nuevos accesorios de pequeño cuero y neceseres de viaje.
Escapista, pues, no se presenta como una marca a la vanguardia de las tendencias, sino como una oferta sobria e inclusiva, pensada para perdurar en el armario y facilitar la vida nómada. Su apuesta por la artesanía local, los materiales nobles y una narrativa centrada en la experiencia del viaje reflejan un intento de conectar con un hombre que valora la autenticidad tanto como la funcionalidad, en un mercado que empieza a demandar moda con propósito y sin excesos.


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