La Maestranza también se abre por dentro cuando Sevilla empieza a latir. En una de esas mañanas de puertas abiertas, con colegios y universitarios descubriendo los adentros del coso del Baratillo, Juan Ortega aparece sin albero en las manoletinas, pero con el toreo en la … mirada. Entre la curiosidad de los más jóvenes y el murmullo de quien empieza a entender la liturgia, el torero nacido en Triana enseña sus nuevos vestidos y el capote de paseo como quien comparte algo más que una prenda: una forma de sentir. Hay en ese gesto algo de aquel niño que soñaba tocando bordados, y mucho del torero que hoy se sabe en vísperas de Sevilla.
La Feria ya asoma. Y Ortega la encara con su natural mezcla de calma y desvelo, de serenidad por fuera y ansia por dentro. Con elegancia, con medida… y con ese anhelo intacto de emocionar a una plaza que no se regala, pero que cuando se entrega, lo hace para siempre.
—Juan, ya ha llegado ese momento que espera todo el año: Sevilla, su plaza, su tierra…
—Ya la tenemos aquí. Ya está. Y se te coge aquí… en el pecho. Sevilla siempre es especial, pero este año quizá lo es todavía más. Se nota algo distinto. La gente lo siente, lo habla, lo vive. Hay expectación por la Feria por diferentes circunstancias, y eso se percibe en la calle.
—También será una Feria especial por la presencia al frente de la empresa de una persona de su máxima confianza, su apoderado y amigo José María Garzón.
—La verdad es que me alegro muchísimo por él. José María tiene esa capacidad de generar ilusión, de levantar expectación, y no solo lo ha demostrado en Sevilla, sino en muchas plazas. Y me alegro porque esto es su vida, su sueño. Se le nota mucho. Y eso también se transmite.
«Sevilla se te coge aquí… en el pecho. Este año se siente algo distinto»
—Lo estamos viendo además en actos como este con los niños, con los colegios, con la tauromaquia entendida también como pedagogía y cercanía.
—Sí. Yo creo que había que hacerlo. A mí, de niño, una de las primeras cosas que me llamaban la atención del toreo eran los vestidos. Se te quedan grabados. El poder tocar los vestidos de los toreros… Y mira que somos celosos con eso. Pero hoy me parecía una forma de abrirte, de acercarte, de captar la atención de tantos niños que han pasado por aquí.
Juan Ortega, en el burladero de la plaza de toros de Sevilla.
(ABC)
—Viene además con estreno: dos vestidos nuevos y un capote de paseo. Eso ya dice mucho de la importancia que le da a est



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