«Me pasé 40 horas haciendo una pintura digital y el primer comentario que recibo me dice: bonito arte IA». Lo cuenta
Si no sé si es IA, entonces todo es IA. Las capacidades de generación de imágenes con IA han alcanzado un nivel en el que el ojo ya no es capaz de distinguir una imagen real de una generada. Nuestra capacidad para captar y distinguir la información visual está sufriendo un shock en tiempo real y la respuesta natural es la desconfianza; como ya no podemos fiarnos de lo que ven nuestros ojos, lo ponemos en duda. ¿Algo está demasiado bien dibujado? Debe ser IA. ¿Un texto está sospechosamente bien escrito? Seguro que lo ha hecho con ChatGPT. Es una postura d
Etiquetar lo humano. Lo de etiquetar el contenido IA sonaba bien, pero no ha funcionado. Mucha parte de culpa la tienen las plataformas por no haber sido más duras con su aplicación. Tenemos el caso de Etsy, una plataforma que era el refugio de la artesanía y se ha terminado convirtiendo en un bazar de bazofia IA que se hace pasar por real. En este contexto, la solución parece ser justo la contraria: etiquetar lo que está hecho por humanos, como una especie de sello de calidad. universidades acusando falsamente a cientos de alumnos de usar IA porque un software (también de IA, claro) se lo dijo, detectores de IA que creen que ‘Cien Años de Soledad’ está hecho con un chatbot… La calidad del contenido generado con IA avanza a tal rapidez que ya es imposible distinguirlo de lo real, por lo que la propuesta de las etiquetas de contenido humano tienen sentido. Algo así como el sello ‘denominación de origen’ de los alimentos.
Hay varias propuestas. Cuentan en El ganchillo era un refugio tranquilo alejado del estrés y de la sobreinformación de internet. Hasta que llegó la IA



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