Hay dos cosas que la industria tecnológica está empujando con fuerza. Por un lado, los vídeos cortos. El formato TikTok lo ‘rompió’ hace unos años hasta el punto de que plataformas como Instagram o YouTube se tiraron de cabeza a copiarlos. Por otro lado, la IA. Todo debe llevar IA, y ahora un chatbot debe ser nuestro asistente en todo momento. En paralelo, cada vez Que, quizá, nuestro cerebro se está erosionando.
En corto. Hace meses, un estudio apuntó que los chatbots provocan rendición cognitiva, otro que nos hace vagos y hasta hay uno de la propia Microsoft señalando en la misma dirección. Uno de los últimos es el GPT-5 y, a los diez minutos, cortaron ese acceso. Antes de los resultados, los test:
- Prueba de ecuaciones – 350 personas debían resolver esos problemas.
- Prueba de lógica – 670 personas tenían que realizar una prueba matemática, pero de razonamiento lógico en este caso.
- Prueba de comprensión lectora – 200 participantes que debían analizar un texto y realizar una breve serie de comprensión lectora.
Estamos regular. Como decimos, parte de la muestra tenía acceso a ese bot que se desactivaba a la mitad del ‘examen’, y el resultado fue el mismo en las tres pruebas. Como apuntan los investigadores, cuando se interrumpe el acceso a la IA no sólo cae el rendimiento de los participantes, sino la perseverancia.
¿Nos están volviendo más tontos? Tontos, tontos… no sería la palabra. Más bien, nos volvemos perezosos. No pensamos porque, total, tenemos a la IA para que lo haga por nosotros.
Sin entrar en el peligro que supone (porque ahora las IA son gratuitas, pero puede que mañana nos las quiten de un plumazo y las conviertan en un producto de pago hasta para las tareas más básicas), los investigadores



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