Con China y Estados Unidos bailando la danza de la inteligencia artificial, tanto los países como las compañías quieren hacerse con las mejores cartas para sus barajas. Meta está invirtiendo millonadas en el desarrollo de la IA y, aun así, parece que va rezagada. Para cambiar las tornas, cerró 2025 con una compra de 2.000 millones de dólares: la de una startup china llamada Manus. La operación fue tan sonada que el propio gobierno chino arqueó una ceja y emprendió una investigación para ver qué estaba pasando ahí. Y ya lo tienen claro.
Fue una conspiración.
El caso Manus. Aunque ha llovido mucho y estos últimos meses en China Daba igual: la expectación estaba ahí y, aunque había dudas sobre su comportamiento y límites, Manus comenzó a mover muchísimo dinero (más de 100 millones en ingresos estimados) y a atraer focos de los grandes jugadores. Uno de ellos fue Meta, quien se hizo con la empresa.
La compra. Una buena pregunta es cómo China dejó escapar algo así para que lo comprara un rival tecnológico y estratégico. Y es una buena pregunta, pero la respuesta es que, en algún momento, Manus dejó de ser una startup china. A mediados del año pasado, Manus se trasladó a Singapur, lo que permitía que la empresa eludiera los controles de exportación e importación impuestos a China. Al no tener un LLM propio, dependían de otros como Claude a los que podían acceder de forma más fácil desde fuera de China.
Esto ya hizo sonar las alarmas en el Gobierno, pero con la compra de Meta replicaron las campanas. China
Y ahora… qué. Que la Comisión de Seguridad Nacional haya calificado el caso como “conspirativo” es algo serio, pues fue el detonante para una revisión más amplia que involucra a más organismos del país que, actualmente, se encuentran revisándolo todo. Y el problema de fondo es la rapidez con la que ocurrió todo. Manus despegó y, apenas cuatro meses después, mudaron todo a Singapur para romper con China justo antes de la compra de una compañía estadounidense.
La investigación está sacudiendo el sector tecnológico chino porque no es la primera vez que algo así ocurre. Aunque a menor escala, se trata de una operación bautizada como ‘Singapur washing’ en la que startups fundadas por chinos se mudan la ciudad-estado para esquivar el control de China y tener una línea más directa con Estados Unidos. El problema es que, en una época en la que la guerra comercial y estratégica se ha recrudecido, calificar de “conspirativo” el caso de Manus sienta un precedente.
Uno en el que se expone que China no quiere dejar escapar el talento y la tecnología de inteligencia artificial debido a que este avance se ha convertido en una de las patas estratégicas del país de cara al próximo lustro. Veremos qué ocurre cuando se resuelva el caso, pero es evidente que el objetivo de Beijin, igual que el de Washington, es impedir que sus activos escapen, y Manus puede ser el ejemplo para que las empresas tecnológicas nacionales no sigan un modelo similar en el futuro.
En Xataka | No sabemos si «crisis» significa «oportunidad» en China, pero hay un negocio en el que sí: la memoria RAM



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