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El error de delegar: las expectativas no definidas fracasan, no la comunicación.

En el dinámico y exigente mundo de la moda, donde la creatividad choca con la presión de los plazos y la competitividad, muchos directores de marca y diseñadores sienten que el éxito de su empresa depende exclusivamente de su capacidad para estar en todos los frentes. Esta sensación de sobrecarga no suele deberse a una falta de talento o esfuerzo, sino a un obstáculo más sutil y frecuentemente pasado por alto: la brecha entre las expectativas no expresadas y los resultados reales de la delegación.

El desafío no radica en cómo se comunica la tarea, sino en cómo reacciona el líder cuando el trabajo no se desarrolla según lo previsto. Es común que, a pesar de confiar en el equipo, las decisiones clave, los matices creativos y el impulso del proyecto sigan canalizándose a través del fundador. Esto ocurre porque la delegación genera resultados que no se ajustan a lo que el líder esperaba, aunque nunca lo haya verbalizado con claridad. Esas desviaciones se perciben como una amenaza, lo que provoca una reacción instintiva de control, anulando la autonomía que se pretendía fomentar.

El costo va más allá de las largas jornadas. Implica que la perspectiva estratégica del líder se estrecha, absorbida por la gestión de excepciones, las dudas y la necesidad de rehacer trabajo. En lugar de innovar y proyectar el futuro, el líder se ve arrastrado de vuelta al día a día, limitando el crecimiento de la marca y la capacidad del equipo para asumir verdadera propiedad.

La raíz del problema reside en expectativas implícitas que el leader asume como obvias, pero que el equipo desconoce por completo. La neurociencia explica esta dinámica: el cerebro no se limita a registrar la realidad, sino que constantemente predice lo que debería ocurrir. Cuando el resultado difiere de esa predicción, se activa una respuesta de amenaza, elevando el cortisol y narrowing la atención. La impulsividad por corregir surge antes de que la reflexión consciente tenga lugar. Así, ante una expectativa incumplida, el sistema nervioso del fundador reacciona antes que su liderazgo, transformando la decepción en un impulso de control que socava la confianza y la autonomía.

La solución no es «soltar más», sino transformar la forma en que se interpretan y responden los desvíos. Esto se logra mediante una práctica denominada responsabilidad colaborativa, que sustituye la reacción por la curiosidad. Parte de una premisa clave: el líder ha contribuido a la situación. No como culpa, sino como reconocimiento de que las expectativas no cumplidas revelan supuestos, prioridades, claridad o capacidades mal definidas.

Bajo este enfoque, la rendición de cuentas deja de ser un mecanismo correctivo para convertirse en un ciclo de aprendizaje. Cuando algo sale diferente a lo esperado, el objetivo no es arreglar a la persona, sino examinar juntos el sistema. Se trata de mantener conversaciones libres de juicio en las que se describen los hechos, se escucha activamente, se comparte perspectiva y se diseña colectivamente el siguiente paso.

Para implementarlo, existe una secuencia concreta de cinco pasos que puede aplicarse cada vez que un trabajo delegado se estanque, se retrase o no alcance el resultado previsto:

  1. Nombrar lo observado sin juicio: Comenzar con hechos verificables, no interpretaciones. Un lenguaje neutral crea seguridad y evita la confrontación.
  2. Preguntar, escuchar y reflejar: Dar espacio primero a la visión del equipo. Escuchar para identificar limitaciones, trade-offs y presiones invisibles. Reflejar lo escuchado para confirmar comprensión.
  3. Compartir la propia perspectiva con claridad: Tras escuchar, expresar las propias preocupaciones sin asignar culpas. Enmarcarlas como aportes a un problema de diseño compartido, no como veredictos.
  4. Alinear sobre lo que es verdadero: Resumir ambas posturas y nombrar la tensión real. Esto restablece el acuerdo y previene malentendidos.
  5. Co-diseñar el siguiente movimiento: Cambiar el enfoque de la explicación a la acción. Acordar los próximos pasos concretos y definir cómo se revisará el progreso.

Al usarse de manera consistente, esta secuesta convierte la rendición de cuentas de un reflejo correctivo en un bucle de aprendizaje continuo.

Imaginemos el caso de la directora creativa de una marca de moda emergente que encomendó a su responsable de producción el lanzamiento de una colección cápsula en una feria local, pensada como un experimento para sondear el mercado sin comprometer la línea principal. Tras dos meses, la iniciativa no había ganado tracción. Ante esto, la tentación era asumir el control o abandonar el proyecto. En cambio, aplicó la responsabilidad colaborativa.

Comenzó nombrando: «He notado que la colección cápsula no ha avanzado en los últimos meses. ¿Podemos revisar juntos qué obstáculos están surgiendo?» La conversación reveló una saturación en el taller de producción, así como diferencias en la percepción del público objetivo. Juntas, rediseñaron el alcance del piloto, ajustando volúmenes y enfoque promocional. Nadie fue despojado de su tarea, no hubo reproches. Al contrario, la propiedad del proyecto se fortaleció porque el sistema aprendió y se adaptó.

Este método no se trata solo de mejorar reuniones o conversaciones; es una herramienta para construir marcas de moda que puedan sostenerse sin que el líder sea el cuello de botella. Cuando los equipos asumen verdadera responsabilidad, los directores dejan de vivir en modo reactivo. Recuperan la claridad mental para concentrarse en lo estratégico, confiando en que la empresa avanzará sin supervisión constante.

A largo plazo, los efectos son acumulativos: mayor compromiso del personal, una marca más atractiva para el talento y un equilibrio entre construir un proyecto significativo y estar presente para la vida personal. En una industria tan volátil como la moda, donde la agilidad y la innovación son vitales, delegar no es una opción de lujo, sino una necesidad estratégica para el crecimiento sostenible. La clave está en gestionar las propias expectativas y transformar los desvíos en oportunidades de aprendizaje colectivo.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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