Hay partes del universo que los telescopios ópticos no pueden ver porque el polvo interestelar es tan denso que bloquea completamente la luz visible. Son las galaxias «emborronadas»: fuentes masivas de formación estelar, fusiones galácticas y actividad de agujeros negros que permanecen ocultas no porque estén lejos, sino porque hay demasiada materia entre ellas y nosotros. El telescopio AtLAST (Atacama Large Aperture Submillimeter Telescope) va a cambiar eso. Un consorcio internacional liderado desde Europa, con participación de Chile, Sudáfrica, Canadá, Taiwán, Tailandia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos, está poniendo en marcha el proyecto. Lo publica Xataka el 21 de mayo de 2026, a partir de un artículo en phys.org. AtLAST constará de una única antena parabólica de 50 metros de diámetro, un espejo secundario de 12 metros, paneles de aluminio y una estructura masiva de acero. Toda su operación usará exclusivamente energías renovables. Y su capacidad diferenciadora frente a los telescopios actuales es geométrica: donde ALMA (el gran array de radiotelescopios en Atacama) tiene un campo de visión pequeño y enfocado, AtLAST funciona como un gran angular capaz de analizar regiones enormes de cielo en una sola observación.
Por qué las ondas submilimétricas y no la luz visible
El universo emite en todo el espectro electromagnético, pero nuestra ventana habitual —la luz visible— tiene una limitación fundamental: el polvo la bloquea. Las galaxias en formación activa, las regiones donde nacen estrellas en masa, y muchos núcleos galácticos activos están envueltos en capas de polvo que absorben la luz visible y ultravioleta antes de que llegue a nuestros telescopios.
Sin embargo, ese mismo polvo, al absorber la energía, se calienta. Y el polvo caliente emite radiación en el rango submilimétrico e infrarrojo lejano. Construir un telescopio capaz de detectar esa longitud de onda es, literalmente, construir una cámara térmica para galaxias: en lugar de la luz que emiten sus estrellas, capturamos el calor que emite su polvo.
El problema que AtLAST resuelve frente a ALMA
ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) es actualmente el mejor instrumento del mundo en su rango espectral. Sus 66 antenas funcionando como interferómetro producen imágenes de resolución sin precedentes. Pero esa misma resolución tiene un coste: el campo de visión es microscópico. Puede estudiar una región del tamaño de la Luna llena en el cielo en horas; estudiar la estructura global de una galaxia cercana lleva semanas de observación. AtLAST resuelve ese problema siendo una sola antena de apertura grande. A diferencia de un array interferométrico, una antena única de 50 metros puede captar un campo de visión mucho mayor, a costa de algo de resolución fina. La combinación ideal —resolución de ALMA + visión panorámica de AtLAST— abre tipos de ciencia que ahora mismo son computacionalmente imposibles por el tiempo de observatorio que requerirían. Los tipos de ciencia que AtLAST habilitaría de forma prioritaria: Un aspecto inusual de AtLAST como proyecto es que la sostenibilidad no es un añadido posterior sino un criterio de diseño desde el primer momento. El consorcio ha intentado minimizar la huella de carbono en la obtención del aluminio y el acero para la estructura —algo que raramente se menciona en proyectos de telescopios— y toda la energía de operación provendrá de fuentes renovables, coherente con la disponibilidad de energía solar y eólica en el Atacama. La comparación con proyectos de infraestructura científica paralelos como el ELT (Extremely Large Telescope) europeo —que no ha priorizado de la misma forma la sostenibilidad de materiales— es inevitable y positiva para AtLAST.
Sostenibilidad como principio de diseño desde el principio


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