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Fowlescombe Farm en Devon ofrece rehabilitación post Fashion Week

¿Agotada tras la vorágine de desfiles? Un santuario en la campiña inglesa redefine el lujo silencioso

Tras la intensa recta final de la Semana de la Moda de París, para quienes buscan un refugio donde el ruido del sector sea sustituido por el ritmo de la naturaleza, el sur de Devon ofrece una alternativa que ya está generando un boca a boca cada vez más fuerte entre los círculos informados del Viejo Continente. No se trata de un retiro de bienestar al uso, ni de un hotel rural decorado con gusto. Fowlescombe Farm es un concepto integral que nace de una granja regenerativa de 450 acres y que propone una manera de entender el ocio de alto nivel profundamente anclada en el territorio.

Ubicado en el valle de Dartmoor, a menos de tres horas en tren desde Londres, este proyecto elimina de un plumazo la posibilidad de toparse con las mismas caras vistas en el backstage de cada show. Su atmósfera invita al aislamiento voluntario, pero no a la soledad. El alojamiento se distribuye en diez tipos de suites, todas ellas acogedoras y de una estética minimalistra rigurosa, rehabilitadas dentro de establos de piedra y una casa de campo victoriana. La oferta gastronómica, centralizada en el Refectory, es un claro ejemplo de su filosofía: bajo el mando de la chef Elly Wentworth, se sirve un menú de mercado casi en su totalidad abastecido por la huerta y los animales de la propia finca. No existe gimnasio; en su lugar, el programa incluye un club de running por los senderos del paraje, clases de yoga en un invernadero lleno de luz o nadar en las aguas frescas de la costa los viernes.

La visión detrás de este proyecto es la de Caitlin Owens, su directora gerente, quien junto a su esposo, Paul Glade, y los arquitectos suizos Studio Gugger, dieron forma física a una idea que surgió del confinamiento. Owens, procedente del mundo de la consultoría en Deloitte y con un breve pero formativo paso por el mítico Four Seasons de Park Lane, vivió en primera persona el contraste entre el servicio estandarizado de lujo y la calidez de la hospitalidad personal. «En Four Seasons, un burger a las cuatro de la mañana llega con smiles y eficiencia impecable. En Fowlescombe, no competimos en ese espacio», explica. «Aquí las opciones son limitadas, pero cada detalle está curado con mimo y es de primera calidad. Buscamos que el personal sea natural, no una puesta en escena».

Y es que el equipo, de apenas veinte personas, está compuesto en su mayoría por vecinos de la zona, comprometidos con un proyecto que ven como un hogar. «Todo el mundo aquí tiene unaHospitalidad innata. Quieren mostrar su tierra y acoger a los visitantes como si fueran amigos que llegan a su casa», subraya Owens. Esta premisa se extiende a una estrategia comercial clara: understands that su generación, heredera de patrimonios, huye de los grandes resorts globales y anhela experiencias auténticas y únicas. «Fowlescombe debe sentirse como un chalet de alta gama donde el centro de significado no es exclusivamente el huésped, sino la comunidad y la tierra que ya existen», apunta.

El compromiso va más allá de la experiencia del cliente. El concepto de «hospitalidad regenerativa» es nuclear. Significa, por un lado, una operación física sostenible: cero plásticos de un solo uso, edificios bien aislados y energía proveniente de fuentes renovables como la geotérmica y la solar. Por otro, implica un impacto social positivo: cuidar de su equipo todo el año y sostener la economía local, altamente estacional, comprando a proveedores de Devon con valores compartidos, independientemente de la temporada turística.

Aunque abrió sus puertas recientemente, ya registra una alta tasa de repetición de clientes. Su público es dual: por un lado, familias con niños y mascotas que valoran el espacio y la naturaleza; por otro, un viajero europeo con sensibilidad por el diseño y la arquitectura, que descubre el lugar a través de plataformas curatorias especializadas en alojamientos con propuestas estéticas excepcionales.

La granja, por cierto, es mucho más que un escenario. Alberga el mayor rebaño del mundo de ovejas Manx Loaghtan, una raza protegida, junto con otros animales, cuyos productos Premium terminarán en las cartas de restaurantes con estrellas Michelin de Londres y otras capitales. La ambición de Owens a largo plazo es replicar este modelo, basado en la producción de alimentos y en un vínculo inquebrantable con el lugar, en una veintena de ubicaciones around the world.

Fowlescombe Farm no vende noches de hotel; vende la pertenencia a un modo de vida, discreto y con propósito, que para muchos es el antídoto perfecto no solo al jet-lag social de las semanas de moda, sino al cansancio de un lujo impersonale inheré a las grandes cadenas. Es, en esencia, la materialización de un sueño simple y complejo a la vez: vivir en armonía con la tierra que te sustenta, y saber que quien te visita comparte ese respeto. Un lujo cuyo valor reside precisamente en su aparente sencillez.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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