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Gasto público crece en Alberta 2026 pese a déficit de $9.400 millones

El presupuesto presentado por el gobierno de Alberta para el próximo ejercicio fiscal ha desatado una ola de análisis y controversia al revelar un déficit proyectado de 9.400 millones de dólares, la cifra más abultada desde la crisis sanitaria de 2020-2021. Esta situación contrasta drásticamente con el superávit récord de 8.300 millones registrado apenas un año antes, evidenciando la extrema volatilidad de una economía que, tras décadas de intentos de diversificación, sigue atada a los vaivenes del mercado petrolero.

La vorágine demográfica y la coyuntura energética constituyen los dos pilares que explican este descalabro. La provincia experimentó un flujo migratorio sin precedentes, con un aumento de 220.000 habitantes en el último año, lo que ha ejercido una presión insostenible sobre infraestructuras clave como hospitales y escuelas. Paralelamente, el precio del petróleo West Texas Intermediate, referente indiscutible para las finanzas albertanas, ha descendido a niveles que el ejecutivo calcula en un promedio de 60,50 dólares por barril para los próximos doce meses. Cada dólar que este indicador pierde se traduce en una merma de aproximadamente 680 millones en los ingresos provinciales, según las estimaciones oficiales.

Frente a este escenario, el ministro de Finanzas, Nate Horner, ha optado por un camino que prioriza la protección del gasto social. El presupuesto destinará 34.400 millones de dólares al sistema de salud, un incremento del 5,8% que supone 1.900 millones adicionales, buscando aliviar las Angustiantes listas de espera y el colapso de las urgencias. En educación, la partida alcanzará los 10.800 millones, un 7% más que el año anterior, en un intento por responder a las demandas de los sindicatos docentes por aulas menos masificadas. Estas alzas superan con creces la suma de la inflación proyectada (3,7%) y el crecimiento poblacional, lo que refleja la urgencia percibida en estos sectores.

Para paliar el agujero fiscal sin recurrir a subidas en el impuesto sobre la renta —una de las promesas electorales del partido gobernante, el UCP—, el ejecutivo ha desplegado una batería de nuevas tasas y recargos. Entre las medidas más notorias figuran el incremento del impuesto turístico sobre alojamientos, que pasa del 4% al 6% a partir de abril, y la introducción en 2027 de un gravamen del 6% sobre el precio de alquiler de vehículos personales. Además, se encarecerán multas por conducción temeraria, trámites de registro mercantil y licencias para organizaciones benéficas.

Horner, en rueda de prensa, defendió la solidez relativa del erario provincial: “Nuestra hoja de balance está en mejor condición que la de muchos hogares de Alberta. Por eso vamos a capear este temporal por ellos, con la vista puesta en el futuro”. No obstante, reconoció que el gobierno carece de mandato para una reforma estructural del sistema impositivo, aunque abrió la puerta a un futuro debate sobre la implantación de un impuesto sobre ventas provincial (PST), que según sus cálculos podría generar unos 6.000 millones de dólares anuales. “Si los albertanos quieren renunciar a parte de esa ventaja para salir de la montaña rusa, es una conversación que podemos tener”, declaró.

El incumplimiento de los propios “guardarraíles” fiscales que el UCP estableció al llegar al poder ha escalado al plano político. El déficit supera el umbral máximo que la misma legislación del gobierno había fijado como límite. Consultado sobre las consecuencias, Horner admitió: “Nosotros creamos estas reglas, y yo las estoy rompiendo. Así que a nadie le preocupa más que a mí”. Este lenguaje sincero subraya la tensión entre la disciplina fiscal prometida y la realidad de una coyuntura económica adversa.

Las proyecciones a medio plazo son poco halagüeñas. El déficit se prolongará al menos hasta 2028-2029, con nuevas cifras rojas de 7.600 millones y 6.900 millones en los dos ejercicios siguientes. La deuda respaldada por el contribuyente provincial, que ya ronda los 109.000 millones, se disparará hasta cerca de 138.000 millones en cuatro años. Este crecimiento se produce tras un período de bonanza que incluyó el superávit citado, y sugiere que el endeudamiento se convertirá en una constante estructural.

En un intento por construir un colchón para futuras crisis, el gobierno impulsa el Fondo de Ahorro del Patrimonio de Alberta, con la meta de alcanzar 250.000 millones de dólares para el año 2050. La previsión actual es que el fondo llegue a 34.000 millones al cierre de 2026-2027, un ascenso moderado desde los 31.500 millones de la actualidad. Este instrumento, alimentado por los ingresos petroleros, busca que los rendimientos de inversión constituyan eventualmente una fuente de ingreso estable, reduciendo la dependencia de la explotación directa de recursos.

Sin embargo, no todos los sectores reciben protección. El crédito fiscal para la industria cinematográfica y televisiva sufrirá un recorte de 35 millones de dólares, quedando en 60 millones anuales. Esta decisión llega después de que el presupuesto de 2025 comprometiera 235 millones en tres años para atraer producciones de gran escala, y podría erosionar la competitividad de la provincia como destino de rodajes.

El panorama demográfico también está cambiando. Si bien el crecimiento poblacional ha sido exponencial, los datos de Statistics Canada indican que los flujos de residentes no permanentes —estudiantes internacionales, trabajadores temporales— están en declive neto, lo que podría aliviar algo la presión sobre servicios públicos a partir de 2026-2027, aunque el ejecutivo aún habla de “ponerse al día” en infraestructura.

En el discurso del trono de otoño, la lieutenant governor Salma Lakhani sintetizó el espíritu oficial: “La gran mayoría de los albertanos no quieren recortes profundos y disruptivos, ni declaraciones de emergencia económica como pretexto para un bombardeo de programas gubernamentales. Quieren un liderazgo fiscal tranquilo, constante e inteligente hasta que la caída de los precios energéticos, como siempre, pase”.

Este presupuesto, por tanto, dibuja un equilibrio frágil entre el维持 del gasto social y la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso, todo ello bajo la sombra de un petróleo que, como señalara el propio Horner, sigue siendo la gallina de los huevos de oro y, a la vez, el albatros que lastra las cuentas públicas. La senda hacia el equilibrio presupuestario, admiten las autoridades, no está a la vista.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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