
Aparentan permanecer en un segundo plano, tanto en las fotos como en los titulares. sin embargo, ellas siempre están ahí. A la derecha del líder, un paso por detrás en la escalinata, afinando estrategias, obteniendo favores o combatiendo enemigos. Hablamos de cinco mujeres que toman decisiones que afectan al destino de millones de personas.
Se mueven en esa penumbra estratégica donde se reparte influencia, se ejecutan lealtades y se administra el miedo. Todas ellas han sido capaces de moverse como nadie en los cenáculos del poder, de convertir la cercanía en un instrumento para su propio ascenso y para resultar, en muchas ocasiones, más determinantes incluso que un presidente. Apunten sus nombres, porque pintan más de lo que aparentan: Imee Marcos, Cilia Flores, Susie Wiles, Kim Yo-jong y Karina Milei.
Casi todas llegaron a lo más alto por sus lazos de sangre o sentimentales. Desde sus posiciones privilegiadas —y a menudo opacas—, han aprendido que gobernar puede consistir, simplemente, en estar lo bastante cerca. Otras han entendido que la influencia se ejerce de forma más cómoda cuando no hay que comparecer ante la prensa ni someterse a debates parlamentarios. En sistemas democráticos tensionados o en regímenes abiertamente autoritarios, el papel de estas mujeres revela hasta qué punto las instituciones pueden quedar subordinadas a los vínculos personales con quienes conocen los miedos, debilidades y obsesiones de aquellos que dirigen el mundo.
Otras han entendido que la influencia se ejerce de forma más cómoda cuando no hay que comparecer ante la prensa ni someterse a debates parlamentarios, como bien sabe Karina Milei, filtro absoluto y guardiana emocional de un mandatario que la invoca com



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