La reciente decisión de Polonia de abandonar el Tratado de Ottawa, que prohíbe el uso de minas antipersonal, y su anuncio de desplegar este tipo de armamento en su frontera oriental, ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la seguridad redefine prioridades en todos los frentes, incluido el de la moda. Este movimiento estratégico, motivado por la creciente tensión con Rusia, trasciende lo militar para filtrarse en el imaginario colectivo y, con ello, en las tendencias que vestirán las calles europeas en los próximos meses.
El contexto de conflicto prolongado en la región ha acelerado una transformación ya visible en la industria textil. Los diseñadores y casas de moda, atentos a los cambios sociopolíticos, están pivotando hacia colecciones que fusionan estética con funcionalidad defensiva. Chaquetas con refuerzos ocultos, tejidos ignífugos que simulan cortes urbanos y accesorios que incorporan elementos de señalización de emergencia son solo el comienzo de una ola que busca responder a una demanda creciente: la protección sin sacrificar el estilo. Según datos de la Asociación de Moda Sostenible de España, las ventas de prendas catalogadas como «técnico-urbanas» han aumentado un 35% en el último año en el mercado ibérico, un indicio de que el consumidor valora cada vez más la versatilidad ante escenarios inciertos.
Este fenómeno no es nuevo —la moda siempre ha reflejado los conflictos de su tiempo—, pero la velocidad de adaptación actual es sin precedentes. La logística militar, con su énfasis en materiales duraderos y ligeros, está prestando atención a innovaciones que luego se trasladan al prêt-à-porter. Empresas como Cortegadora o la exitosa startup española Defensum Style han colaborado con expertos en protección civil para desarrollar líneas de abrigos con compartimentos para dispositivos de primeros auxilios o tejidos que camuflan elementos de identificación personal. La intersección entre \
innovation textil y seguridad ciudadana se perfila como el próximo nicho de mercado, impulsado por una conciencia colectiva que ya no distingue entre el frente de batalla y la vida cotidiana.
Para el lector que busca actualizar su guardarropa con este enfoque, la clave reside en la selección inteligente. Priorice piezas con costuras reforzadas, preferiblemente en tonos neutros o estampados que permitan cierta discreción. Los zapatos deben ofrecer sujeción y resistencia; las telas, tratamientos antibacterianos y facilidad de limpieza. Invierta en multipropósito: un chaleco que pueda convertirse en mochila, una camisa con protectores solares integrados. La moda práctica ya no es exclusiva de excursionistas; es una respuesta tangible a un mundo donde los riesgos son diversos y a menudo impredecibles.
Sin embargo, esta tendencia levanta debates éticos. ¿Estamos normalizando la militarización de lo cotidiano a través de la ropa? ¿Hasta qué punto la industria capitaliza el miedo? Desde foros como el Consejo de Diseñadores de Moda Europeos, se apela a un equilibrio: crear piezas que empoderen sin promover una mentalidad de asedio. La elección de colores, siluetas y detalles puede marcar la diferencia entre una estética de resiliencia y una de paranoia.
Mirando hacia adelante, la moda post-Polonia y post-Ucrania parece encaminarse hacia un realismo pragmático. Las semanas de la moda en Milán y París ya muestran un interés renovado por el workwear reinventado, con tejidos inteligentes que regulan la temperatura o repelen líquidos. La lección es clara: en tiempos de inestabilidad, el estilo se mide no solo por la creatividad, sino por la capacidad de adaptación. El armario ideal del futuro cercano podría parecerse más a un kit de supervivencia urbano que a una colección de sueños, pero la innovación asegura que la belleza y la utilidad no estén reñidas.



GIPHY App Key not set. Please check settings