Volvía Rafita Serna a su Sevilla para pregonar una faena de total honestidad. Vestido de blanco y plata, con su corazón latiendo al ritmo de la sinceridad. Decían en los pasillos del 7 alto que aquella entrega era un homenaje al padre mientras recordaban … uno de los pregones más laureados de la Semana Santa. Fue la ‘levantá’ de Serna, que colocaba así su nombre en esta temporada en la que le pesa su ausencia de San Isidro después de su notable confirmación. Pero era domingo maestrante, la cita con su plaza. «Escuchadme ahí abajo», parecía susurrar su capote mientras se pausaba en un quite por tafalleras que de llevar otra firma hubiese puesto la plaza en pie. Allí estaba Rafa, con la cintura quebrada como un nazareno bajo el palio, con los talones apretados para no coger ventaja al destino. Lentificados los lances, con el remate del perdón y la mano alta cuando vio que el toro de su compañero perdía las manos. Los quites tienen que ser cortitos, como las »llamás’ que pedía su padre.
Larga de seriedad venía la corrida de Fuente Ymbro, que parecía la madre superiora de la de Alcurrucén, de tan toreras hechuras. Había toros acordes para Madrid. Como el quinto, el de mayores exigencias, con esa casta que transmite pero que también incomoda. Rafa Serna bien pudo despojarse de su terno tranquilo, con el deber cumplido, cuando llegó al hotel. El de la Cuesta del Rosario no se había guardado nada dentro. Fue una labor que no serviría para un anuncio de Ariel, sin la limpieza deseada, pero sí para exponer la sinceridad del toreo, la sinceridad de Rafa. A la puerta de chiqueros se fue a recibir a Escogeperro, un ejemplar de tremenda seriedad, con trapío apto para la primera plaza del mundo. Su ímpetu se vio ya en la verónicas del sevillano, en esa emotividad cuando tomaba el engaño. Era un momento crucial de una tarde que había emprendido la senda de la espesura y comenzaba a pesar en el ambiente. No era fácil remontar aquello. Y lo hizo.
Ya había levantado las palmas Molina en su turno de quites, por tafalleras con una cordobina interminable, a modo de circular, en el remate. Brindó a la afición Serna y se echó de rodillas, pulseando una embestida que apretaba. Lástima que doblara las manos en el de pecho. Modificó los terrenos y echó los vuelos a izquierdas en dos naturales que cantaban primaveras. Hizo un esfuerzo el torero, siempre entregado, queriendo con la desnudez con la que se quiere a un padre. Fue un ejercicio de exposición, aunque hubiese muletazo



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