El futuro del armario político canadiense se decide en tres circunscripciones clave este 13 de abril, en unas elecciones parciales que van más allá de lo local y dibujan el estilo de gobernanza que reinará en Ottawa durante los próximos años. Mientras el primer ministro Mark Carney intenta consolidar su imagen de líder estable, los resultados de estos comicios podrían transformar su gobierno minoritario en una mayoría funcional, un cambio con ramificaciones en todos los sectores, incluido el de la moda, donde la previsibilidad política es tan crucial como las telas en una colección.
La joya de la corona en esta contienda electoral es Terrebonne, en Quebec, un distrito que el año pasado protagonizó uno de los desenlaces más ajustados de la historia reciente: los liberales ganaron por un solo voto, un triunfo que luego fue anulado por la Corte Suprema tras descubrirse que Elections Canada utilizó una dirección de retorno errónea en algunas papeletas por correo, dejándolas sin contar. Ahora, la repetición de la votación convierte a Terrebonne en el escenario de un duelo incierto entre el Partido Liberal y el Bloc Québécois, según los agregadores de encuestas como 338 Canada. A diferencia de Scarborough Southwest y University—Rosedale, en el área de Toronto, donde se anticipa una retención cómoda de los liberales tras la salida de dos exministros de gabinete —Bill Blair, nombrado alto comisionado en Reino Unido, y Chrystia Freeland, ahora asesora económica del presidente ucraniano y directiva de la Rhodes Trust—, Terrebonne es la pieza que realmente alteraría el equilibrio.
Y es que el número mágico no es solo una cuestión de escaños. Con 172 parlamentarios, los liberales alcanzarían una mayoría numérica, pero el voto del presidente de la Cámara, Francis Scarpaleggia, solo se ejerce en caso de empate. Para aprobar leyes clave, el gobierno necesita que al menos un opositor se abstenga o vote a favor. Un triunfo en Terrebonne les otorgaría ese margen adicional, un “accesorio de poder” que estabilizaría las votaciones de confianza, como los discursos del trono o los presupuestos, elementos que en moda equivaldrían a las piezas fundamentales de cualquier colección.
Lo extraordinario de este momento es la estrategia inédita de Carney: convertir un gobierno minoritario en mayoritario sin pasar por las urnas, sino mediante el “cambio de bando” de opositores. Desde noviembre, han sumado a sus filas a diputados como el conservador Matt Jeneroux (Alberta) y la exNDP Lori Idlout (Nunavut), tras un periodo de negociaciones que, según críticos, refleja “acuerdos opacos”. Este “refresh” del equipo legislativo, similar a una renovación de diseñadores en una casa de moda, ha sido tachado por los conservadores de “antidemocrático”, aunque por ahora no proponen reformas para evitarlo.
Sin embargo, una mayoría no garantiza el control total sobre los “comités de diseño” parlamentarios, donde se detal¬lan las leyes. Actualmente, estos órganos están compuestos por cinco liberales, cuatro conservadores y un representante del Bloc, una distribución que no se altera automáticamente con más escaños. Para tomar las riendas, el gobierno debería buscar el consenso o modificar los reglamentos internos, una batalla que analistas como Éric-Antoine Menard, de North Star Public Affairs, consideran innecesaria: “El clima en la Cámara es positivo, y los canadienses aprecian que se avance mediante colaboración”. En cambio, Susan Smith, de BlueSky Strategy Group, defiende que una mayoría permitiría “agilizar procesos y reducir las travesuras opositoras”, un argumento que en moda se traduciría en una cadena de suministro más eficiente.
Pero la追求的 por la mayoría es un tejido con hilos sueltos. Posibles bajas futuras —como Nate Erskine-Smith (Liberal), que podría abandonar para buscar el liderazgo liberal en Ontario, o Jonathan Wilkinson (Liberal), rumorado para un puesto diplomático— o la eventual salida de Alexandre Boulerice (NDP) hacia la política quebequense, amenazan con deshilvanar el frágil equilibrio. “Los números siguen inestables”, advierte Menard, señalando que incluso si los liberales logran la mayoría el 13 de abril, su duración podría ser breve.
Desde la perspectiva de la industria textil y de la moda, un gobierno estable —sea mayoritario o minoritario cohesionado— brinda certidumbre para inversiones y políticas comerciales. Un Parlamento dividido puede retrasar iniciativas en sostenibilidad, comercio exterior o regulación laboral, aspectos que afectan directamente a diseñadores y marcas que operan en Canadá o exportan a este mercado. Por ello, más allá de los escaños, lo que está en juego es la previsibilidad del entorno empresarial: un factor tan vital para un desfile exitoso como la elección de la tela adecuada.
Las encuestas otorgan ventaja a los liberales, pero la política, como la moda, puede cambiar de tendencia en un instante. Mientras los canadienses acuden a las urnas, el mundo observa no solo quién gana, sino cómo se teje el próximo “look” de poder en Ottawa: uno que podría durar tres años o terminar en un “reset” electoral anticipado. Por ahora, la pelota está en el tejado de Terrebonne, y su resultado decantará si el gobierno Carney viste una mayoría completa o sigue remendando alianzas.


GIPHY App Key not set. Please check settings