El octavo misterio: Así es The Eighth, el nuevo templo de la coctelería en Chelsea
En el crisol de la noche neoyorquina, Chelsea acaba de estrenar un enclave que redefine el arte del cóctel. The Eighth, erigido en la esquina de la Séptima Avenida con la calle 18, no es solo un bar; es una narrativa espacial concebida por la veteranía hostelera de Richie Romero y la visión conceptual del estudio Legeard, liderado por Julien Legeard y Valmira Gashi. Esta última, diseñadora de interiores, explica la génesis del proyecto: «En Legeard Studio nos especializamos en hospitality, pero a menudo entregábamos los diseños y perdíamos el control sobre la experiencia final. Nos preguntamos: ¿y si asumiésemos esa operación íntegramente?». La respuesta es este local, donde la estética y la servicio se funden en un todo coherente.
El punto de partida fue diagnosticar una carencia en el vecindario. Tras analizar la oferta de ocio de la zona, Gashi advirtió que faltaba «un espacio con un punto de picardía, más intrigante y acogedor, pero también ideal para una cita o una velada centrada en la excelencia del cóctel». Su propuesta hunde sus raíces en una premisa filosófica: la ciudad está repleta de historias no oficiales, las de aquellos anónimos que, sin alcanzar la fama de un Warhol, vivieron y dieron forma a Chelsea. «Se trata de la idea de que tu experiencia en un lugar se convierte en tu historia personal. Puede que no sea universal, pero atesoras un fragmento de la memoria del barrio», reflexiona Gashi. De ahí surge el nombre, «El Octavo»: una referencia a lo que acontece después de lo enumerado, después del séptimo día o la séptima maravilla. Es el territorio desconocido.
El discurso visual es una ejecución impecable de esa idea. La paleta dominante, un púrpura profundamente saturado, teje una atmósfera de misterio y sofisticación. Los motivos de serpiente y polilla,omnipresentes, actúan como símbolos de ritual, memoria y entrega sensorial. Materiales como un prints de piel de serpiente que reviste la cabina del DJ y el área VIP, o una cortina de eslabones metálicos que dialoga con el pasado industrial de la zona, solidifican el carácter. Sin embargo, el corazón neurálgico del espacio es la barra, una imponente obra de piedra alabastro retroiluminada que parece flotar y emitir una luz hipnótica. «Es inevitable. Los clientes entran y su mirada se dispara hacia ella. Es la polilla y la llama», describe Gashi. Esa barra alberga además un espejo infinito, transformándose en un altar para tres «ceremonias» de cócteles nocturnas, programadas con precisión a las 20:00, las 22:00 y medianoche. En cada una, se ofrece una cata a todo el salón acompañada de un pequeño bocado del kitchen, marcando un antes y un después en el ritmo de la noche.
La ambición del proyecto va más allá de la apertura al público general. The Eighth ya ha sido escenario de presentaciones de alta costura, acogiendo eventos de la Semana de la Moda de Nueva York para diseñadores como Christian Siriano, Marc Bouwer o Kate Barton, y para la agencia Crawford Models. Este respaldo subraya su inmediata credibilidad como espacio de fusión entre la noche y la vanguardia cultural.
La experiencia final, según Gashi, debe ser de descubrimiento progresivo. «Buscamos que al entrar pienses ‘esto es genial’, pero que a medida que avanza la noche, más capas se revelen. La idea es que el espacio esté en constante transformación, y tú eres parte de esa evolución». The Eighth se posiciona así como un destino donde la historia personal y la memoria colectiva de un barrio se beben, trago a trago, en un ambiente diseñado para la contemplación y el asombro silencioso. Un nuevo capítulo en la noche de la Gran Manzana, escrito con la tinta invisible de los relatos no contados.



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