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Jemima Kirke organiza la fiesta más desenfrenada de Completedworks

En una presentación que desdibujó los límites entre el desfile de moda y la pura teatralidad, la diseñadora londinense Anna Jewsbury, fundadora de la marca Completedworks, exploró con agudeza las máscaras que vestimos en sociedad. Su propuesta para la temporada otoño 2026 no fue un simple showcase; fue una micro-obra de teatro titulada “Good Food, Good Friends”, escrita en colaboración con la guionista Laura Waldren, que sirvió como vehículo para una reflexión satírica sobre la hipocresía y la performance en los círculos sociales y de la moda.

El centro de toda la escenificación lo ocupó la actriz Jemima Kirke, conocida internacionalmente por su papel en la serie Girls. Kirke asumió el rol de Régine McQueen, un arquetipo que cualquier asistente a una fiesta del sector reconocerá al instante: una anfitriona insoportable, egocéntrica y Meanspirited, cuyo discurso gira únicamente en torno a sí misma, tratando a todos como “queridos amigos” mientras los instrumentaliza para sus propios fines. Durante una cena televisada cuidadosamente coreografiada en el lujoso ballroom del Nobu Portman Square de Londres, Kirke, ataviada con las piezas de la colección, desplegó su personaje con maestría, ordenando a su asistente —interpretada por la it girl Camille Charrière— y a los modelos que la rodeaban que la ayudaran con la disposición de las flores o a preparar un Bloody Mary, todo con una mezcla de autoritarismo y fingida cordialidad.

Paradójicamente, y aquí radica la genialidad de la propuesta, este personaje detestable lucía impecable. La estética de Régine McQueen funcionó como la mejor vitrina para la nueva línea de Completedworks. Sobre su cuerpo, capas de joyería de la marca —piezas escultóricas que juegan con el volumen y la textura— creaban un efecto de acumulación caótica pero estudiada. En sus pies, un detalle que ya ha generado conversación: las primeras zapatillas de la colaboración entre Completedworks y Asics, un modelo clásico customizado con lazos de cuentas de perla, un guiño que une el lujo artesanal con el streetwear.

Según explicó Anna Jewsbury tras la presentación, el núcleo conceptual de la colección y de la obra gira en torno a la dualidad entre la identidad pública y la privada. “Lo que buscamos es usar la sátira para tender un puente entre ‘cómo nos mostramos al exterior y lo que yace bajo la superficie’”, afirmó la diseñadora. La elección de Jemima Kirke no fue casual. “Es una actriz increíble. Lo más brillante de ella es su capacidad para encarnar la contradicción. Puede sostener al mismo tiempo confianza y vulnerabilidad, algo esencial para el personaje y para el mensaje que queremos transmitir”, añadió Jewsbury.

Esta dualidad se plasma físicamente en las piezas de la colección. Siluetas de plata son sangradas deliberadamente para revelar un núcleo de resina verde fluorescente en su interior, una metáfora visual de lo oculto. La piedra de ágata, material estrella de la temporada, presenta inclusiones calcáreas internas que, al ser pulidas, imitan delicados ramilletes de flores atrapadas en el tiempo. Es un juego entre la solidez exterior y la belleza orgánica escondida, entre lo que percibimos y lo que existe en la estructura profunda.

La presentación en el Nobu Portman Square no fue un evento aislado. El espacio alberga hasta el final de febrero una pop-up de Completedworks, una instalación minimalista que ofrece una inmersión completa en el universo de la marca. Allí se pueden descubrir, en un entorno depurado, las piezas clave de la colección en las categorías de joyería, artículos para el hogar y bolsos. Una oportunidad para que el público londinense —y los visitantes internaciones que acuden a este barrio emblemático— examine de cerca la intención artesanal y el discurso conceptual detrás de cada objeto, más allá de la anécdota del desfile teatral.

La apuesta de Completedworks por este formato híbrido, que involucra a actores de renombre y un guión original, refuerza su posición como una de las marcas de accesorios más intelectuales y narrativas de la escena contemporánea. No se venden solo objetos, se venden historias y una reflexión sobre cómo nos construimos. Mientras la industria debatía sobre el futuro de las presentaciones en vivo, Jewsbury demostró que la emoción y el mensaje pueden encontrar un vehículo perfecto en la tensión entre la moda como arte y la moda como comentario social agudo. La fiesta, la de verdad, acaba de empezar.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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