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Emilia Wickstead redefine la elegancia con su silueta impecable para un otoño contemporáneo.

La figura de Fano Messan, modelo y actriz francesa de los años veinte obligada a fingir una identidad masculina para iniciarse como escultora, se erige como el epicentro emocional y conceptual de la nueva propuesta de otoño-invierno 2026 de Emilia Wickstead. La diseñadora británica, conocida por su elegancia depurada, ha found en esta historia de disfraz y reivindicación personal el motor para una colección que dialoga constantemente entre la tradición sartorial masculina y una silueta deliberadamente femenina, envuelta en un aura de misterio y sofisticación intelectual.

El desfile, presentado en la boutique de la firma en Sloane Street durante un atípico y soleado domingo londinense, congregó a un público selecto que pudo apreciar la propuesta en primera fila. La atmósfera, lejos del那时bulante de las grandes pasarelas, fue íntima y congregacional, permitiendo un examen minucioso de cada costura y tejido. Wickstead, en declaraciones recogidas entre bastidores, expresó su fascinación por la dualidad de Messan: “Quería vestir su uniforme, pero también quería que se sintiera liberada. No se le permitía ser ella misma, y hoy quiero que se la reconozca”.

Esta premisa se materializa en una serie de interpretaciones modernizadas del armario masculino revisitado. La paleta cromática inicial se inclinó hacia tonos terrosos y apagados, con trajes en cuadros de ventana y camisas de denim de corte amplio que evocan una trabajadora informal. La maestría en el patronaje, un sello de la casa, se manifiesta en chaquetas tipo smock con cuellos de marinero y en blusones de tweed rugoso que preservan una feminidad contenida. La androginia no es herejía aquí, sino un atributo de estilo que se subraya con la elección de siluetas que difuminan la cintura o que equiparan la formalidad de un traje masculino con la fluidez de una falda lápiz ajustada.

Sin embargo, es en el tramo final donde la narrativa alcanza su clímax dramático. Los colores sombríos y los volúmenes más sobrios ceden paso a creaciones de noche de factura escultórica, confeccionadas en tejidos de alto brillo como el lamé plata y el encaje lavanda. Estos vestidos, con construcciones que parecen emanar directamente de la blocks de un taller de escultura, rinden homenaje a la verdadera pasión de Messan: la forma tridimensional. Son piezas de una teatralidad mesurada pero innegable, que cierran el desfile con un mensaje de poder redescubierto.

La colección, en su conjunto, puede leerse como un ensayo sobre la apropiación y la resignificación. Wickstead no hace un pastiche histórico, sino que extrae códigos universales —el traje, el denim, la sculpturalidad— y los somete a su prisma de refinamiento británico. El resultado es una propuesta coherente que ofrece a la mujer contemporánea un guardarropa con narrativa, donde cada pieza parece cargada de una historia previa de lucha y creatividad. Una lección de cómo la moda puede trascender lo puramente estético para convertirse en un vehículo de memoria y reconocimiento.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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