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Erdem teje nostalgia con futurismo en su desfile otoño 2026

Erdem celebra dos décadas de moda con un desfile que dialoga entre el exceso barroco y la rebeldía contemporánea

En el corazón de Tate Britain, entre las obras de los grandes maestros británicos, Erdem Moralıoğlu presentó su colección Otoño-Invierno 2026, un ejercicio de estilo que celebra su vigésimo aniversario como diseñador independiente. Lejos de una retrospectiva literal, el creador de origen turco-canadiense, afincado en Londres, optó por un «mashup» conceptual: un diálogo imaginario entre sus musas históricas y contemporáneas, un collage de influencias que él mismo bautizó como «Conversaciones Imposibles».

La propuesta, que refuerza el estatus de Londres como capital de la moda reflexiva y artesanal, transitó por un territorio de contrastes. Por un lado, la sastrería masculina reinterpretada con volumen y descuido estudiado, protagonizada por blazers amplios y abrigos de líneas generosas que se deslizaban sobre los hombros de las modelos. Por otro, un alarde de decorativismo que rozaba lo escenográfico: superposiciones de tejidos, bordados de cristal densos, flecos de lentejuelas y lazos en los hombros que fanfarronamente declaraban su herencia en la tradición textil.

El punto de fricción más interesante surgió cuando este lenguaje de ornamento abrumador chocó con prendas de una simplicidad casi punk. La aparición de tops de sujetador combinados con jeans de corte varonil funcionó como un anticlísis deliberado, un guiño a su colección de graduación en el Royal College of Art y un contrapunto necesario a faldas con enaguas estilo pannier o altos cuellos isabelinos. Esta dualidad —entre elhistóricoy lo inmediato, entre el adorno y la crudeza— fue el verdadero motor narrativo del show.

El ambiente, con las modelos desfilando entre bancos colocados en estrecha formación, evocaba una energía entre onírica y absorta, como si aquellas figuras hubieran escapado de un cuadro del Tate para sumirse en una conversación privada. Entre las piezas más memorables, un vestido columna en amarillo ácido, completamente cubierto de cuentas y pedrería, capturaba la luz conRequiem de ostentación. Junto a él, un vestido de encaje crema con crinolina que se acercaba tímidamente a las primeras filas, representaba esa faceta romántica y melancólica por la que Erdem es universalmente reconocido.

La audiencia, repleta de primeras figuras del cine británico como Keira Knightley, Helen Mirren y Glenn Close —quienes se desplazaron rápidamente al backstage para felicitar al diseñador—, certificaba la resonancia de Moralıoğlu más allá de los círculos de moda. Su capacidad para tejer narrativas complejas en cada costura, para que una colección pueda ser a la vez un manifiesto de oficio y un reflejo de los tiempos, subraya por qué, veinte años después, sigue siendo un faro en una industria en constante turbulencia. El mensaje final fue claro: la moda puede ser un espacio para conversaciones cruzadas en el tiempo, donde el exceso y la contención encuentran un equilibrio deliberadamente inesperado.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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