Habitual jugador número doce en el Real Madrid y titular indiscutible cuando otros fallan, Brahim Díaz volvió al once de Arbeloa frente al Girona tras su suplencia contra el Bayern Múnich para rebelarse una vez más con un gran partido del que podría tomar nota el técnico del conjunto blanco.
El Real Madrid siempre ha sido un club de jerarquías. De titulares indiscutibles y de secundarios que esperan su turno como actores de repertorio. Y ahí, en ese territorio incierto entre la paciencia y la reivindicación, habita Brahim Díaz.
El fútbol tiene memoria corta, pero también momentos que sirven como alegato. El de Brahim ante el Girona fue uno de ellos. Venía de quedarse en el banquillo en la noche grande contra el Bayern, ese tipo de partidos que marcan estatus, y regresó al once como quien vuelve a escena con algo que demostrar. Y lo demostró.
No es casualidad. Brahim ha sido pieza importante en ese tramo en el que el Madrid recompuso el paso tras la caída ante el Getafe (0-1). Cinco victorias seguidas con él como parte activa de un bloque medio-alto más vivo, más reconocible (Valverde, Pitarch, Tchouaméni, Güler, Brahim y Vinícius).
Pero en cuanto regre



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