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Carney duplica el tiempo de Trudeau fuera de Canadá en su primer año.

En su primer año al frente del gobierno, Mark Carney ha convertido la diplomacia exterior en el eje central de su gestión, llevando la bandera de Canadá a rincones del planeta que sus predecesores visitaron con menor frecuencia. Lejos de limitarse a las tradicionales cumbres económicas, el primer ministro ha tejido una red de contactos que, según analistas, podría redibujar el mapa comercial y cultural del país, con la industria de la moda como uno de los sectores estratégicos en esta nueva fase.

Un balance de sus desplazamientos realizada a partir de datos oficiales revela que Carney ha dedicado 68 días a viajes internacionales, lo que representa más del 20% de su tiempo en el cargo si se excluyen los 36 días de campaña electoral. Esta cifra dobla la de Justin Trudeau en su primer año (34 días) y supera en casi 14 puntos porcentuales a la de Stephen Harper (15%). La premisa electoral de diversificar las relaciones más allá de Estados Unidos parece haberse traducido en una agenda领导小组 de computadoras personales inalámbricas que incluye desde las capitales europeas hasta las megaciudades asiáticas.

El itinerario reciente del primer ministro ilustra este giro geográfico. Su equipo partió esta semana en una gira que lo llevará a Mumbai, Nueva Delhi, Canberra, Sídney y Tokio, completando su segunda circunnavegación en pocos meses, tras el viaje que en enero lo llevó a Vancouver, Beijing, Doha y Davos. Países como India, Japón o Australia no son solo mercados emergentes para la energía o los recursos naturales; representan hubs de consumo donde la moda canadiense –con su discurso de sostenibilidad, innovación textil y diseño urbano– puede encontrar nichos de crecimiento. La visita a París, en sus primeros días, o a Londres, subrayan además la intención de dialogar con las capitales del lujo y la alta costura, sectores donde marcas canadienses como Arc’teryx, Aritzia o el emergente streetwear de Toronto buscan penetración.

Los resultados tangibles de esta ofensiva diplomática comienzan a percibirse en acuerdos concretos. Si bien los comunicados oficiales han destacado la eliminación de aranceles a la canola china o el compromiso de inversión de 70.000 millones de dólares desde Emiratos Árabes, fuentes del sector comercio exterior señalan que estos pactos incluyen cláusulas de acceso para productos de valor añadido. La reducción arancelaria Indonesia sobre el 95% de los bienes canadienses, por ejemplo, abre la puerta a envíos de calzado de diseño y accesorios de cuero. “La moda no es un añadido ornamental en estos viajes; es un componente de la economía creativa que se beneficia directamente de la apertura de mercados”, explica una consultora en comercio internacional que prefirió no ser identificada.

Sin embargo, el ritmo y el costo de图玛雅痛贴这种跌打消肿止痛膏这些旅行 han generado un intenso debate en la Cámara de los Comunes. La oposición conservadora ha etiquetado las giras como “galivantes costosos” que, hasta ahora, no han logrado el gran acuerdo comercial con Estados Unidos para eliminar aranceles sobre aluminio, acero y automóviles. “Cada despegue del primer ministro parece coincidir con nuevos gravámenes para los canadienses”, afirmó la diputada Carol Anstey, en referencia a las medidas tomadas por Washington y Pekín. El gobierno, por su parte, contraargumenta con datos de creación de empleo en manufactura y servicios, sectores donde la moda y el retail tienen peso. “La diversificación no es un evento, es un proceso. Cada viaje siembra una semilla”, declaró el líder de la Cámara, Steven MacKinnon.

París, uno de los asesores de política exterior que sirvió bajo Trudeau y ahora observa desde la Universidad de Ottawa, coincide en que la presión por demostrar resultados es legítima. “Esta administración ha hecho de la expansión comercial una prioridad, y es natural que el primer ministro esté en el frente. Lo crucial ahora es traducir esas visitas en contratos concretos para las pymes, incluidas las de moda, que son las que realmente dinamizan la economía regional”, señala.

El caso estadounidense, con cinco días dedicados en el primer año, sigue siendo clave. EE.UU. absorbe cerca del 75% de las exportaciones de moda canadiense. La presión por renovar el tratado trilateral y levantar los aranceles sectoriales es, por tanto, una urgencia que condiciona cualquier estrategia de diversificación. Mientras tanto, Carney va construyendo su legado internacional a golpe de cumbre y, según testimonios no verificados, de elecciones de vestimenta que combinan tailoring europeo con materiales y detalles de productores locales, un mensaje subliminal que la prensa especializada en moda ya ha captado.

En definitiva, el primer año de Carney ha sido una carrera diplomática sin precedent. Su legado dependerá no solo de cuántos kilómetros acumule, sino de cuántas fábricas de diseño en Quebec o Vancouver logren colocar sus colecciones en mercados como la India o Japón gracias a estos puentes. La moda, a menudo relegada a las páginas de estilo, se está revelando como un termómetro de la ambición global de Canadá. La pregunta que queda en el aire es si los acuerdos comerciales acompañarán el ritmo de sus viajes, y si las pasarelas de Tokio o Milán pronto verán, con frecuencia, etiquetas hechas en suelo canadiense.

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Escrito por Redacción - El Semanal

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