Chanel reúne arte y legado en Tokio: la exposición de Roe Ethridge en Nexus Hall
En el corazón del distrito de Ginza, en Tokio, el espacio Nexus Hall —un enclave consagrado a la experimentación cultural impulsado por Chanel— ha inaugurado una exposición que revisita el universo de Gabrielle Chanel a través de la mirada contemporánea del fotógrafo estadounidense Roe Ethridge. La muestra, que permanecerá abierta hasta el próximo 16 de abril, se erige como un nuevo capítulo en la estrategia de la casa francesa por entrelazar su legado histórico con la creación artística actual.
La exhibición presenta una serie de collages e imágenes compuestas que Ethridge realizó encomendadas para la primera edición de la revista Arts & Culture de Chanel, lanzada en junio del año pasado bajo laDirection de Yana Peel, presidenta de Artes, Cultura y Patrimonio de la marca. Esta publicación, impulsada por el Chanel Culture Fund, es un compendio de los cinco años de colaboraciones de la firma con instituciones y artistas, y las obras de Ethridge funcionan como piezas centrales que dialogan directamente con el acervo de la diseñadora.
El proceso creativo de Ethridge se basó en un acceso privilegiado a los archivos de la casa. El fotógrafo, colaborador habitual de Chanel, pudo seleccionar y reinterpretar objetos personales de Gabrielle Chanel custodiados en el appartement del 31 rue Cambon de París, así como piezas de los archivos de la marca. Entre los objetos que inspiraron su trabajo figuran un busto de la diseñada esculpido por Jacques Lipchitz, el manuscrito original de “Poèmes pour Misia” de Pierre Reverdy, un libro con dedicatorias ilustradas por Gala y Salvador Dalí, los bocetos de Picasso para el diseño del telón de “Le Tricorne”, y una máscara funeraria egipcia. Estos artefactos, cargados de significado biográfico y estético, son transfigurados por Ethridge en composiciones que fusionan lo escultórico, lo pictórico y lo fotográfico.
La obra de Ethridge, reconocida por su capacidad para desdibujar los límites entre las bellas artes y las prácticas comerciales, encuentra en este proyecto un terreno fértil. Su trayectoria, con obra presente en colecciones institucionales como el MoMA de Nueva York, la Tate Modern de Londres o el ICA de Boston, avala un lenguaje visual que se nutre de la cultura pop, el bodegón y la abstracción. Según fuentes de la casa, la exposición en Tokio extiende la tradición de Chanel de apoyar a los artistas definitorios de cada época, un compromiso que encuentra en Nexus Hall —inaugurado en 2004— el escenario idóneo para su materialización en Japón.
La apuesta de Chanel por este tipo de iniciativas subraya una narrativa corporativa que va más allá de la temporada de modas. Nexus Hall, que ya ha acogido muestras centradas en la inteligencia artificial con artistas como Sofia Crespo o Entangled Others, o la primera retrospectiva en Japón de la fotógrafa Pushpamala N., se consolida como un puente entre la vanguardia y el patrimonio. La elección de Ethridge, con su peculiar combinatoria de lo kitsch y lo sublime, ofrece al público japonés —y al internacional que visitará la exposició una reflexión sobre cómo los objetos íntimos de un icono pueden ser reactivados para generar discursos visuales nuevos.
Para el espectador, la exposición representa una doble experiencia: por un lado, un acercamiento casi tangible al mundo privado de Coco Chanel a través de sus posesiones más queridas; por otro, la oportunidad de ver cómo un artista contemporáneo dialoga con ese legado, descomponiéndolo y reensamblándolo en un lenguaje del siglo XXI. Una propuesta que, sin duda, alimenta la conversación actual sobre la moda como mecenas y archivo vivo de la cultura.



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