Marco Falcioni redefinirá la esencia de Boss con una colección que convierte la sastrería en un acto de libertad
En el competitivo universo de la moda, pocas casas logran equilibrar herencia y reinvención con la solvencia que ahora muestra Boss. Tras dos años de una transformación profunda liderada por el首席执行官 Daniel Grieder y el director creativo Marco Falcioni, la firma alemana ha dejado atrás la zona de confort para explorar un territorio donde el clasicismo se funde con una actitud contemporánea. Su colección otoño/invierno 2026, presentada en Milán, no es solo una propuesta de vestuario; es una declaración de intenciones sobre el futuro de la ropa formal.
El punto de partida de Falcioni es claro: rescatar el placer de «jugar» a vestirse. Lejos de percibir la sastrería como un uniforme obligatorio, el diseñador la concibe como un lenguaje de identidad. «La individualidad y el deleite de la sastrería se logran cuando creamos un diseño democrático y popular, que lleve inherente el valor de la no conformidad», sostiene. Esta filosofía se materializa en una colección que agita el archivo de la casa sin nostalgia, mezclando referencias de distintas décadas en un diálogo calculado.
Los hombros poderosos pero ligeramente caídos de finales de los 80 dialogan con cinturas marcadas y solapas de muesca propias de los 90. Los blazers de doble botonadura recuperan los bolsillos de vivo, un detalle clásico que aquí adquiere nuevo vigor. La propuesta es un «hermoso caos», en palabras del propio Falcioni, donde la mezcla de épocas no es aleatoria sino estratégica, destinada a construir una tercera dimensión para la marca. «Queremos que la sastrería habite un landscape más lifestyle, no solo el de los negocios», explica. Se trata de adaptar el traje a los momentos híbridos de la vida actual, donde la oficina, el ocio y las reuniones informales comparten un mismo armario.
Esta búsqueda de versatilidad se traslada a las telas. Junto a la lana tradicional, appara una selección de tejidos técnicos con propiedades antiarrugas, impermeables y cortavientos, integrados en siluetas impecables. El abrigo se erige como pieza estrella: cueros gruesos con un toque rústico są cosidos a cashmere, y gabardinas de alpaca cepillada y nylon ostentan solapas de sastrería y forros a rayas que rinden homenaje a los overs clásicos de Boss. «En los abrigos y blazers reside el juego más potente de nuestro archivo. Ahí podemos experimentar con más diversidad», afirma Falcioni.
Los detalles decorativos son la guinda. Un pañuelo de seda asomando discretamente, una corbata transformada en broche floral o una camisa de esmoquin con peto bajo un traje de ejecutivo son gestos que inyectan dosis de sorpresa y personalidad. En la línea masculina, la philosophy de «jugar a vestirse» se traduce en una amplia oferta de prendas separadas —pantalón, chaqueta, camisa, corbata— que animan al hombre a curar su propio look con calma y criterio.
Este regreso a la sastrería como experiencia llega en un momento clave para Boss. La casa ha retomado definitivamente el calendario tradicional de presentaciones, tras un periodo de experimentación con el concepto «see now, buy now». La de otoño 2026 es su primera colección de invierno en este formato renovado, y parte de ella estará disponible para compra online inmediata tras el desfile para miembros de Boss XP.
La expectación genera alrededor del desfile no es menor. Boss se ha ganado un lugar destacado en Milan Fashion Week gracias a sus montajes conceptuales —desde un espacio futurista hasta un jardín idílico en el Palazzo del Senato— y a su casting inclusivo y heterogéneo, donde supermodelos, atletas de élite, editores y creadores de contenido comparten pasarela. Falcioni adelanta que, aunque se mantiene el compromiso con la diversidad, esta vez el enfoque cambiará ligeramente. «La sorpresa vendrá de un elemento en el que normalmente no ponemos tanto acento», insinúa, prometiendo efectos especiales que buscarán entretender a la audiencia más allá de la ropa.
Con esta colección, Marco Falcioni no solo añade «ladrillos» a la pirámide de Boss, como él mismo describe su labor, sino que redefine los cimientos. Su misión, que él define como «radical en su simplicidad», es ampliar el atractivo de la marca entre generaciones más jóvenes sin renunciar a su corazón de sastrería. El resultado es una propuesta que habla de autonomía, de la satisfacciónersonal de construirse un estilo, y que sitúa a la marca alemana en el mapa como un referente de la moda masculina y femenina que entiende el lujo no como ostentación, sino como la capacidad de elegir con intención. La invitación, en definitiva, es a vestirse para uno mismo.



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