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Kim Scott, ex de Eminem, enfrenta cargos por DUI grabado con cámara corporal.

El arresto de Kimberly Scott, conocida por su matrimonio con el rapero Eminem, tras un incidente de conducción bajo los efectos del alcohol en Michigan, ha puesto sobre la mesa una vez más la fragilidad de la imagen pública en el mundo del espectáculo. Este suceso, que involucró un choque con un vehículo estacionado y posterior colisión contra su propio garaje mientras transportaba a su hijo adolescente y sus amigos, no solo plantea serias preguntas legales, sino que también amenaza con erosionar una figura que, aunque no es una diseñadora, lleva años en el ojo público como parte del entorno de una de las mayores estrellas del hip-hop.

Scott, de 51 años, ya arrastraba un historial turbio. Su relación con Eminem, marcada por dos matrimonios (1999 y 2006) y una hija en común, Hailie Jade, ha sido una constante en las letras del artista, convirtiéndola en un personaje casi mítico de su narrativa musical. Más allá de la música, su presencia ha permeado la cultura pop, donde cualquier resbalón puede tener repercusiones en el mundo de las marcas y la percepción de estilo de vida asociada a las celebridades. Su antecedente más cercano data de 2016, cuando cumplió una condena de probation por un delito similar de DUI, un precedente que ahora pesa como una losa.

Los detalles del incidente del pasado 16 de febrero pintan un cuadro de descontrol. Según la investigación, Scott salió de su domicilio en Chesterfield Township con su hijo y tres acompañantes. Tras impactar contra un coche aparcado, optó por no detenerse y regresar a su residencia, donde finalmente embistió la puerta cerrada de su garaje con su Range Rover blanco. Fue un vecino quien alertó a las autoridades, desencadenando una secuencia grabada por la cámara corporal de los agentes que ahora se ha hecho pública.

El material audiovisual es revelador. En él, Scott muestra inicialmente negativa a reconocer consumo de alcohol, pero ante las preguntas sobre el accidente, cambia su versión y admite haber ingerido “una copa dos horas antes”. En un momento de confusión, llegó a insinuar que un tercer conductor había invadido su carril, mientras mencionaba el estrés de los menores a bordo, “gritando y alterados”. La contradicción entre su declaración inicial y la evidencia fue patente cuando se le practicó una prueba preliminar de alcoholemia, la cual falló de manera evidente. Los oficiales describieron su estado como “completamente fuera de sí”, un detalle que subraya la gravedad de la situación.

Tras el resultado positivo, fue arrestada sin resistencia, limitándose a solicitar que se avisara a su familia sobre su paradero. La requisa del vehículo arrojó otro hallazgo clave: varias botellas de refresco que, según la policía, contenían alcohol. Este descubrimiento refuerza la acusación de conducción bajo influencia y sugiere un patrón de consumo encubierto.

Actualmente, Scott enfrenta dos cargos menores: operar un vehículo intoxicado y abandonar la escena tras causar daños materiales. El segundo se deriva del primer impacto contra el automóvil ajeno. Su abogado ha indicado que está dispuesta a entregarse si se emite una orden de detención, pero el horizonte legal es sombrío. Dada su condena condicional anterior por un delito similar de DUI, los fiscales podrían buscar penas más severas, que podrían incluir tiempo de cárcel, multas elevadas y la revocación de su libertad condicional previa. El proceso judicial, que aún está en fase inicial, determinará si la lenidad mostrada en 2016 se repite o, por el contrario, la justicia aplica una mano más dura ante una reincidencia tan flagrante.

Más allá de los tribunales, este episodio alimenta un fuego que puede consumir su capital de celebridad. En la industria de la moda y el entretenimiento, donde la reputación es un activo tangible, un escándalo de esta naturaleza asociado a alcohol y negligencia con menores puede cerrar puertas. Posibles colaboraciones, apariciones o incluso simples asociaciones con marcas podrían evaporarse, ya que los contratos suelen incluir cláusulas de moralidad. La pregunta que surge en los pasillos de las agencias de relaciones públicas es si esta figura, históricamente vinculada al éxito y la polémica de Eminem, podrá reconstruir una imagen que, tras este nuevo desliz, parece más deteriorada que nunca.

Mientras tanto, las imágenes del arresto circulan ya en redes sociales y portales, convirtiéndose en un nuevo capítulo de su historia ya de por sí convulsa. El futuro de Kim Scott pende ahora de un hilo jurídico, pero también de su capacidad para gestionar el daño colateral en un ecosistema celebrity donde un instante de mal juicio puede definir una década.
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Escrito por Redacción - El Semanal

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